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28 Feb Mons. Luis Argüello, presidente de la CEE: “Los avances tecnológicos son acumulativos, pero cada sociedad precisa una regeneración ética” El presidente de la CEE imparte la lección magistral “Justicia y Esperanza”
El presidente de la Conferencia Episcopal Española, mons. Luis Argüello, ha impartido hoy la lección magistral en la apertura del Año Judicial del Tribunal Eclesiástico de Valencia bajo el título “Justicia y Esperanza”.
La época moderna «ha desarrollado la esperanza de la instauración de un mundo perfecto, pero situados en el cambio de época, ha ido desapareciendo esta esperanza de poner la historia bajo control humano. Para entender lo que significa un Estado laico, existe el coloquio entre una sociedad en la que hay creencias y su propia organización política. Los avances tecnológicos son acumulativos, pero una sociedad no funciona solo por los avances tecnológicos, sino que precisa una salud ética. Y los avances éticos no son acumulativos, cada generación ha de hacer su propia acogida de lo que significan el bien y el mal, la verdad y la mentira, lo justo y lo injusto. Por eso cada sociedad precisa una regeneración ética”, ha asegurado.
“La necesidad de un dominio del régimen de opinión pública hace que se hagan promesas incumplibles o posibilidad de soluciones que tienen un valor cuasi mágico”
Mons. Argüello ha explicado que “muchos de los problemas que afrontamos hoy en día no admiten atajos, ni curas instantáneas, ni hay varitas mágicas que los solucionen, aunque a veces el ritmo de nuestras democracias, las elecciones celebradas cada poco tiempo, la necesidad de un dominio del régimen de opinión pública, hace que tantas veces se hagan promesas incumplibles o se haga referencia a la posibilidad de soluciones que tienen un valor cuasi mágico”.
“Hay un factor que sigue haciéndonos sorprender cada vez que toma posesión un nuevo presidente de los Estados Unidos y se organiza un servicio religioso, aunque sea pequeñito, una oración, una lectura de la palabra, una invocación. Porque en este momento de cambio de época, la presencia de las espiritualidades juega un papel importante cuando en Europa tenemos una dificultad”.
Así, “aparecen en este momento, y no solo en España, situaciones cuando menos de preocupación. La presencia de China, India, y también los países de cultura musulmana, emergentes con fuerza en el plano político internacional, unos por su propia posición de poder y otros por su propia situación de empobrecimiento que hace que montones de personas que viven en países de mayorías musulmanas sean inmigrantes que llegan a nuestras tierras europeas en una propuesta de convivencia a la que el multiculturalismo no está siendo capaz, al menos hasta el momento, de ofrecer una integración”, ha afirmado.
El moralismo adquiere en nuestra época un tinte concreto, que son los populismos
En la época moderna, “la idea del juicio final se ha ido desvaliendo, incluida en la propia predicación que hacemos en la Iglesia. Los regímenes democráticos o autoritarios piensan que tienen la fuerza para establecer la justicia por sí mismos, generando un moralismo, que pasa también en el interior de las iglesias, cuando reducimos la propuesta del Evangelio a educación en valores, la traducción de la vida cristiana a una propuesta de solidaridad. Ese moralismo nos hace experimentar una tensión entre los que quieren subir el listón o bajar el listón, en función de las fuerzas morales que una sociedad tiene. El moralismo adquiere hoy en nuestra época un tinte concreto, que son los populismos polarizadores, a la hora de ofrecer soluciones a las propuestas de organización, de justicia, de bien en nuestra sociedad”.
Igualmente, “la protesta contra Dios en nombre de la justicia ya no sirve. Un mundo sin Dios es un mundo sin esperanza. La esperanza pone de pie la razón, es un elogio permanente de la filosofía, es una fuente de regeneración ética. La justicia que supera nuestras justicias parciales, no se doblega al totalitarismo difuso”.
Mons. Argüello ha indicado también que “la misericordia tiene como horizonte esta esperanza cierta en la justicia que viene de lo Alto, de que la fragilidad de nuestras propuestas de verdad y de bien son redimidas, salvadas y nos animan a continuar adelante en el curso de nuestra historia”.