Hoy es domingo 18 de agosto de 2019
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  Domingo XXI del tiempo ordinario
Ciclo C
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  Primera lectura
  De todos las naciones traerán a todos vuestros hermanos
Lectura del libro de Isaías 66, 18-21

Esto dice el Señor:

«Yo, conociendo sus obras y sus pensamientos, vendré para reunir las naciones de toda lengua: vendrán para ver mi gloria.

Les daré una señal, y de entre ellos enviaré supervivientes a las naciones: a Tarsis, Libia y Lidia ( tiradores de arco), Túbal y Grecia, a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria. Ellos anunciarán mi gloria a las naciones.

Y de todos las naciones, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos, a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi santa montaña de Jerusalén - dice el Señor -, así como los hijos de Israel traen ofrendas, en vasos purificados, al templo del Señor.
También de entre ellos escogeré sacerdotes y levitas - dice el Señor -».

  Salmo responsorial
  Sal 116, 1. 2
R. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor todas las naciones,
aclamadlo todos los pueblos. R.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R.

  Segunda lectura
  El Señor reprende a los que ama
Lectura de la carta a los Hebreos 12, 5-7. 11-13

Hermanos:

Habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron: «Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, no te desanimes por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos».

Soportáis la prueba para vuestra corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrige a sus hijos?

Ninguna corrección resulta agradable, en el momento, sino que duele; pero luego produce frutos apacible de justicia a los ejercitados en ella.

Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, no se retuerce, sino que se cura.

  Aleluya
 

Jn 14, 6bc
R. Aleluya, aleluya, aleluya

Yo soy el camino y la verdad y la vida - dice el señor -;
nadie va al Padre sino por mí. R.


  Evangelio
 

Vendrán de oriente y occidente y se sentarán a la mesa en el reino de Dios
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 13, 22-30

En aquel tiempo, Jesús, pasaba por ciudades y aldeas enseñando y se encaminaba hacia Jerusalén.

Uno le preguntó: «Señor, ¿son pocos los que se salven?».

Él les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán.

Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: “Señor, ábrenos”; pero él os dirá: “No sé quiénes sois”.

Entonces comenzaréis a decir. “Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas”. Pero él os dirá: “No sé de dónde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad.”

Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, a lsaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros os veáis arrojados fuera.

Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos».


  Comentarios
 

LOS ÚLTIMOS SERÁN LOS PRIMEROS

(21º Domingo ordinario –C- 25 de agosto de 2019)

La universalidad de la salvación.

Una pregunta espontánea: Señor, ¿serán pocos los que se salven? (Lc 13, 22), dio pie a Jesús para tratar sobre el número de los que se salven. Ciertamente Dios quiere que todos los hombres se salven, pero hay que colaborar con su gracia, esforzándose por hacer el bien, sacrificando lo que haga falta, pues la puerta del Reino es estrecha. Después de resucitar, Cristo envió los discípulos a todas las naciones, rompiendo las barreras religiosas y tribales de Israel, incluso para acceder al sacerdocio, que estaba reservado a los hijos de la tribu de Leví; como lo profetizó Isaías y proclama el salmo responsorial 116: “Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos”.

Confianza y esfuerzo personal.

Cuando se trata del tema de la salvación final, nos movemos entre dos opiniones que hemos escuchado muchas veces: por una parte están los que piensan que el número de los condenados es mucho mayor que el de los salvados; incluso se ha llegado a pensar que todos los que no han seguido a Cristo, desde el principio de la humanidad, se han perdido. Por otro lado están los que parten de la voluntad salvadora universal de Dios y del valor infinito del sacrificio de Cristo para decirnos que debemos esperar la salvación de todos. En el fondo parece anidar un temor: Si confiamos demasiado en este deseo de Dios y en la expiación y reconciliación de Cristo ¿no se abandonará la vida cristiana? ¿por qué habremos de esforzarnos?

Deberíamos plantear la evangelización y la propia vida desde la gratitud por la salvación que nos dio Jesús y la bondad de la ley de Dios, que es fuente de salvación y felicidad ya en esta vida, y no desde el miedo. Es cierto, como nos dice la Carta a los hebreos, que en el caminar hacia Dios, guiados por la fe, hay lugar para las penalidades, que conviene sobrellevar con espíritu penitencial, aceptándolas como advertencias y correctivos de parte de Dios: ¿Qué padre no corrige a sus hijos? (Heb 12, 7; segunda lectura).

El símbolo de la puerta estrecha.

Esforzaos en entrar por la puerta estrecha (Lc 13, 24). El pasaje difícil de que nos habla Jesús es un símbolo de la seriedad con que los creyentes conscientes debemos apreciar lo que Dios ha hecho por nosotros. No podemos jugar frívolamente con Jesús, el cual nos redimió con su vida de obediencia hasta la cruz. No podemos confiar irresponsablemente en que fuimos hechos miembros de la Iglesia por el Bautismo y en que nos ha llegado un eco de la palabra de Jesús o en que la procesión pasaba por delante de nuestra casa del pueblo.

Pero hemos de participar también de la generosidad de Dios, de su optimismo. Si las barreras del antiguo Israel han caído para el Padre, todos pueden salvarse; Dios ha hecho lo posible para que todos se salven, desde el primer ser humano hasta el último. Los creyentes damos gracias por esto, oramos por esto, trabajamos por esto mismo; y hemos de conformar nuestra vida al camino exigente de Jesús para que todos comprendan que ya ahora es posible vivir como salvados, felices y confiados por esta gracia y esta forma de vida.

Jaime Sancho Andreu

LA PALABRA DE DIOS EN ESTE DOMINGO

Primera lectura y Evangelio. Isaías 66, 18-21 y Lucas 13, 22-30: Una pregunta espontánea dio pie a Jesús para tratar sobre el número de los que se salven. Ciertamente Dios quiere que todos los hombres se salven, pero hay que colaborar con su gracia, esforzándose por hacer el bien, sacrificando lo que haga falta, pues la puerta del Reino es estrecha. Después de resucitar, Cristo envió los discípulos a todas las naciones, rompiendo las barreras religiosas y tribales de Israel, incluso para acceder al sacerdocio, como lo profetizó Isaías y proclama el salmo responsorial de este domingo.

Segunda lectura. Hebreos 12, 5-7.11-13: En el caminar hacia Dios, guiados por la fe, hay lugar para las penalidades, que conviene sobrellevar con espíritu penitencial, aceptándolas como advertencias y correctivos de parte de Dios.


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