Hoy es domingo 18 de agosto de 2019
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  Domingo XIX del tiempo ordinario
Ciclo C
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  Primera lectura
  Con lo que castigaste a los adversarios, nos glorificaste a nosotros,
llamándonos a ti

Lectura del libro de la Sabiduría 18, 6-9

La noche de la liberación les fue preanunciada a nuestros antepasado, para que, sabiendo con certeza en que promesas creían, tuvieran buen ánimo.

Tu pueblo esperaba la salvación de los justos y la perdición de los enemigos, pues con lo que castigaste a los adversarios, nos glorificaste a nosotros, llamándonos a ti.

Los piadosos hijos de los justos ofrecían sacrificios en secreto y establecieron unánimes esta ley divina: que los fieles compartirían los mismos bienes y peligros, después de haber cantado las alabanzas de los antepasados.

  Salmo responsorial
  Sal 32, 1 y 12. 18-19. 20 y 22
R. Dichoso el pueblo
que el Señor se escogió como heredad.

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad. R

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R.

  Segunda lectura
  Esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios
Lectura de la carta a los Hebreos 11, 1-2. 8-19

Hermanos:
La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve. Por ella son recordados los antiguos.

Por la fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba.

Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas, y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.

Por la fe también Sara, siendo estéril, obtuvo “vigor para concebir” cuando ya le había pasado la edad, porque consideró fiel al que se lo prometía.

Y así, de un hombre, marcado ya por la muerte, nacieron hijos numerosos, como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.

Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido las promesas, sino viéndolas y saludándolas de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra. Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver.

Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo.

Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad.

Por fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac: ofreció a su hijo único, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu descendencia». Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para resucitar de entre los muertos, de donde en cierto sentido recobró a Isaac.

  Aleluya
 

Mt 24, 42a. 44
R. Aleluya, aleluya, aleluya

Estad en vela y preparados,
porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. R.


  Evangelio
 

Estad preparados
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12, 32-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.
Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.

Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo. Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos.

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

Pedro le dijo: «Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?».

El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que les reparta la ración de alimento a sus horas?

Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes.

Pero si aquel criado dijese para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y criadas, a comer y beber y emborracharse, vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y lo castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles.

El criado que conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos.

Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá».


  Comentarios
 

ESTAD PREPARADOS Y VIGILANTES (19º Domingo ordinario –C- 11 de agosto de 2019) Un pueblo que sabe esperar

Los cristianos hemos heredado de nuestros padres en la fe, el pueblo de Israel, la visión de la historia como un proceso que se orienta hacia un final que sólo pertenece a Dios. Los antiguos paganos creían que la vida de los hombres se desarrollaba dentro de un perpetuo retorno, bajo el dominio del fatalismo, pero los hijos de Abrahán, sobre todo a partir de la experiencia del Éxodo y luego, tras la vuelta del exilio de Babilonia, aprendieron a esperar la intervención de Dios para alcanzar la liberación.

Así nos lo recuerda la primera lectura, que evoca la tensión expectante de aquella noche de la primera Pascua en Egipto, cuando se inició el Éxodo hacia la tierra prometida bajo el liderazgo de Moisés y con la confianza puesta en el Dios único y salvador.

Una comunidad que se prepara

La experiencia religiosa de los cristianos es como una la de una larga noche pascual, como la de los hebreos, que se ha evocado en la primera lectura: Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas: vosotros estad como los que aguardan a que su Señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame (12, 35-36).

Pero no se trata sólo de esperar, hay que prepararse para esta venida y este encuentro, hay que trabajar para que la casa esté bien arreglada y todas las actividades en marcha, tal como lo dejó encomendado el Señor de la casa.

Una fe teñida de esperanza

Los cristianos tenemos una fe teñida de esperanza, porque no creemos sólo en aquello que existe, sino en también en lo que falta por ocurrir; como proclama la Carta a los Hebreos que comenzamos a leer este domingo y que tiene como tema central la fe y la esperanza: La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve (Heb 11, 1; segunda lectura).

Una fe esperanzada que se enriqueció decisivamente con la enseñanza y el ejemplo de Jesús, que nos anima a mantenernos en vela y a tener este mundo y sus riquezas como medios para alcanzar la vida verdadera del reino de Dios: No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino (Lc 12, 32).


Una acción en el mundo para descubrir el reino de Dios

Porque hay mucho que hacer y la tarea es muy variada. El Señor vendrá al final de los tiempos para reunir a todos los suyos, pero entretanto visita constantemente su casa, porque es el Esposo que actúa sin cesar junto con su esposa que es la humanidad redimida.

Hay que anunciar sin cesar la buena noticia, para que la sala del banquete esté llena y un número cada vez mayor de amigos de Jesús aumente su acción de gracias al Padre.

Hay que atender a los necesitados, hacerse “prójimos” de todos para descubrir en ellos al Señor que espera que le sirvamos en los pobres materiales y espirituales.

Y, sobre todo, hemos de preparar el encuentro semanal con el Esposo, el Día del Señor, para que nada falte en la mesa de la palabra y de la Eucaristía, para que la fiesta sea completa y, en especial, que el Esposo nos encuentre preparados espiritualmente, limpios de pecado y libres de las ataduras de las riquezas y las mentiras del mundo, para que nuestro encuentro con Él sea provechoso.

De este modo se descubrirá y anunciará el reino de Dios en el mundo; no siempre será posible que las cosas se arreglen como Dios quiere, pero, al menos, la luz de la fiesta del reino saldrá por las ventanas de la Casa, y todos podrán saber que hay otra forma de vivir, en la verdad, la libertad, la justicia, el amor y la paz.


Jaime Sancho Andreu

LA PALABRA DE DIOS EN ESTE DOMINGO
Primera lectura y Evangelio. Sabiduría 18, 6-9 y Lucas 12, 32-48: Los israelitas aguardaron la venida del Señor en la noche de Pascua para ser liberados de la opresión. Aquella vigilia nocturna sigue siendo para los cristianos un recordatorio de la definitiva venida de Cristo. En este sentido la enseñanza de Jesús insiste en la actitud de vigilancia: el Señor volverá al final de los tiempos inesperadamente, como un ladrón nocturno o un amo que está muchos años lejos de su hacienda. La espera y la vigilancia son dos características fundamentales de la vida cristiana, abierta a la eternidad.

Segunda lectura. Hebreos 11, 1-2.8-10: La carta a los Hebreos, cuya última parte comienza a leerse en este domingo y seguirá en los tres siguientes, no tiene autor conocido; su tema principal es la superioridad del sacerdocio de Cristo sobre el de la antigua alianza en que vivieron los patriarcas, ilustres por su fe en las promesas de Dios que ahora se han realizado en Cristo. El tema principal de las lecturas que hoy comenzamos es la importancia de la fe y la esperanza para la salvación.


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