Hoy es miércoles 19 de septiembre de 2018
Menú
Inicio / Liturgia





  La exaltación de la Santa Cruz
Ciclo B
pixel

  Primera lectura
 

  Salmo responsorial
 

  Segunda lectura
 

  Aleluya
 


  Evangelio
 


  Comentarios
 

LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ
(14 de septiembre de 2018)

En muchos lugares es una fiesta importante y es una buena ocasión para que todo el pueblo cristiano conozca y celebre, aunque sea de forma sencilla, una conmemoración tan importante.

Historia de la fiesta de la Santa Cruz.

Al igual que ocurre con otras celebraciones cristianas, existe un antecedente en la liturgia del Antiguo Testamento, que se convierte en fiesta de un misterio de Cristo, ligada también en ocasiones a un hecho histórico concreto. Así ocurre en este caso.

- La antigua fiesta de los tabernáculos.

Era la mayor fiesta del año, junto con la de Pascua, y uno de sus motivos era la acción de gracias por las cosechas del año (Deut 16, 13; Ex 23, 16); por eso el carácter del evento era de júbilo o regocijo, y que numerosos sacrificios eran ofrecidos entonces (Num 29, 12-39). Pero la fiesta de los Tabernáculos fue siempre y principalmente, en conmemoración de los años inolvidables pasados en las tiendas del desierto (Lev 23, 43) y en acción de gracias por la morada permanente recibida en la Tierra Prometida, y luego tras la instalación del Templo, por un lugar permanente de culto (cf. I Reyes, 8, 2; 12, 32). La fiesta comenzaba en el decimoquinto día del séptimo mes, (aproximadamente nuestro septiembre), y duraba siete días (Lev 23, 34-36). Cada israelita varón, según la ley, estaba obligado a ir a Jerusalén, y pasaba esos días en las cabañas hechas de cañas y ramas de árboles.
- La fiesta cristiana.

El 13 de septiembre del año 335 fue dedicado solemnemente el conjunto de la basílica, el patio del Gólgota y la rotonda del Santo Sepulcro en Jerusalén, mandados erigir por el emperador Constantino en presencia de su madre santa Elena; al día siguiente se mostró al pueblo la reliquia de la Santa Cruz que, según la tradición, había sido encontrada el 14 de septiembre durante las obras de cimentación de aquellos monumentos. Así pues, al principio era una fiesta propia de Jerusalén en el aniversario de la dedicación de sus principales iglesias, pero con el reparto de reliquias de la Vera Cruz se extendió esta celebración, que tuvo nuevo auge cuando, en el año 635, el emperador Heraclio rescató el sagrado leño que habían arrebatado los persas. Cuando se celebró en 1033 el Jubileo del primer milenio de la Redención, se alzaron grandes y preciosas cruces en todas las iglesias, consagrándose definitivamente esta fiesta.

El glorioso misterio de la Cruz.

Los fieles de Cristo nos ponemos al amparo de la sombra protectora de la Cruz, ella sostiene la nueva tienda del encuentro de Dios con los hombres, que es el Hijo de Dios hecho hombre para caminar con su pueblo en el nuevo Éxodo pascual hacia el Padre.

“La señal del cristiano es la santa Cruz”. Esta frase que aprendimos de niños en el catecismo tiene valor para todos los momentos de la vida. La Cruz es un signo que identifica la presencia de la comunidad o de una familia o actividad cristiana, pero también es una consigna personal, una manera de comenzar las cosas consagrándolas a Dios, de modo que el trabajo y la oración sean medio de alabanza, de gracia y santidad.

Del mismo modo la Iglesia avanza siguiendo a la Cruz, que le marca un camino de humildad y sufrimiento, como fue el de Jesucristo, para culminar en la victoria del Señor en su Reino.

Jesús se vio a sí mismo representado y anunciado por el signo de salvación que se levantó en el desierto: Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna (Jn 3, 14). Nosotros no podemos avergonzarnos de la Cruz ni escandalizarnos cuando nos vemos clavados en ella.
Finalmente, la Cruz es el signo del sacrificio supremo de Jesús, como anuncio del amor del Padre hacia toda la humanidad: Porque tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen el él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él (Jn 3, 16-17). La Eucaristía es ahora la renovación de aquel único sacrificio de Jesucristo, ofrecido en el altar de la Cruz; nosotros nos unimos a esta ofrenda con la fuerza del Espíritu que se invoca sobre el pan y el vino y sobre toda la comunidad, para que Él haga de nosotros una ofrenda permanente (Plegaria eucarística III).

Jaime Sancho Andreu.

LA PALABRA DE DIOS EN ESTA FESTIVIDAD

Primera lectura. Números 21, 4b-9: Durante el camino del Éxodo, en el desierto del Sinaí, Moisés levantó una serpiente hecha de bronce para que los hebreos la mirasen cuando sufriesen una picadura venenosa y se curaran. El propio Jesús convirtió a este episodio en un modelo profético de su elevación en la cruz para salvar a todos los hombres.

O bien:

Segunda lectura. Filipenses 2, 6-11: Jesús aceptó voluntariamente la muerte en la cruz, pero el Padre aceptó su sacrificio de obediencia y convirtió aquella humillación en la exaltación gloriosa del Redentor.

Evangelio de san Juan 3, 13-17: El Señor anunció varias veces su trágica muerte, dándole un sentido redentor y de reparación de los pecados de los hombres; pero en este pasaje de su conversación con el judío Nicodemo, es donde Jesús expone con mayor claridad el sentido salvador de su crucifixión.


« volver
Buscador de Noticias:      Búsqueda avanzada
Enlaces destacados
Arzobispado de Valencia
C/ Palau
Teléfono: +34 96 382 97 00
archivalencia@archivalencia.org
46003 Valencia
Fax: +34 96 391 81 20
www.archivalencia.org
©Archivalencia.org