Hoy es miércoles 19 de septiembre de 2018
Menú
Inicio / Liturgia





  Domingo XXIII del tiempo ordinario
Ciclo B
pixel

  Primera lectura
  1ª lectura: Los oídos del sordo se abrirán, y cantará la lengua del mudo
Lectura del libro de Isaías 35, 4-7a

Decid a los inquietos:
«Sed fuertes, no temáis.
¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite, la retribución de Dios.
Viene en persona y os salvará.
Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán; entonces saltará el cojo como un ciervo y cantará la lengua del mudo, porque han brotado aguas en el desierto y corrientes en la estepa.
El páramo se convertirá en estanque, el suelo sediento en manantial».

  Salmo responsorial
  Sal 145, 7. 8-9a. 9bc- 10
R. Alaba, alma mía, al Señor

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R.

  Segunda lectura
  ¿Acaso no eligió Dios a los pobres como herederos del reino?
Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 1-5

Hermanos míos, no mezcléis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con la aceptación de personas.
Suponed que en vuestra asamblea entra un hombre con sortija de oro y traje lujoso, y entra también un pobre con un traje mugriento; si vosotros atendéis al que lleva el traje de lujo y le decís: «Tú siéntate aquí cómodamente», y al pobre le decís: «Tú quédate ahí de pie» o «siéntate en el suelo, a mis pies», ¿no estás haciendo discriminaciones entre vosotros y convirtiéndoos en jueces de criterios inicuos?
Escuchad, mis queridos hermanos: ¿acaso no eligió Dios a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que lo aman?

  Aleluya
 

Cf. Mt 4, 23
R. Aleluya, aleluya, aleluya

Jesús proclamaba el evangelio del reino,
y curaba toda dolencia del pueblo. R.


  Evangelio
 

Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7, 31-37

En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.

Él, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», (esto es: «ábrete»).

Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente.
Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo
proclamaban ellos.

Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».


  Comentarios
 

PARA ESCUCHAR Y PROCLAMAR LA PALABRA DE DIOS
23º Domingo ordinario -B-, 9 de septiembre de 2018)

Los milagros de Jesús son signos de salvación.

Desde el principio de la creación, Dios proyectaba poner al género humano al nivel de la salvación sobrenatural, incluso después del pecado original y el desvío de la humanidad respecto del plan de Dios. La realización de este misterio salvador fue la venida de Jesús para dar comienzo al Reino de Dios, anunciándolo con sus palabras y sus señales milagrosas.

Como enseña el Concilio Vaticano II: Los milagros, por su parte, prueban que el Reino de Jesús ya vino sobre la tierra: "Si expulso los demonios por el dedo de Dios, sin duda que el Reino de Dios ha llegado a vosotros" (Lc., 11,20; cf. Mt., 12,28). Pero, sobre todo, el Reino se manifiesta en la Persona del mismo Cristo, Hijo del Hombre, que vino "a servir, y a dar su vida para redención de muchos" (Mc., 10,45) (Const. Dog. Lumen gentium n. 5)


Jesús prosigue su obra salvadora por medio de los sacramentos.

Ante la limitación humana simbolizada en el sordomudo del evangelio, Jesús se muestra como el Mesías anunciado por los profetas: Mirad que vuestro Dios … viene en persona… Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la legua del mudo cantará (Is 35, 4-5; Primera lectura). Las obras que realiza no son solamente un acto de su compasión o bondad, sino que son signo de la llegada del tiempo mesiánico, prometido por los profetas. Jesús cura y salva; y nosotros reconocemos esa presencia de su obra cuando decimos en el Salmo responsorial 145: Alaba, alma mía, al Señor. Que mantiene su fidelidad perpetuamente.


El rito bautismal del “Effetá”.

En el bautismo se nos concedió el don sobrenatural de la fe: se abrieron nuestros oídos para escuchar la Palabra y se soltó nuestra lengua para confesar la fe y alabar al Señor. Se realizó un nuevo milagro. Desde entonces prestamos oídos atentos a la palabra divina y somos palabra de oración permanente. Los que no escuchan a Dios cierran sus oídos y su corazón a la verdad y dan creencia a otras voces seductoras y engañosas. Quien escucha y alaba a Dios ayuda a que oigan los sordos y hablen los mudos.

En el ritual del Bautismo hay una ceremonia que se hace después del baño bautismal, como uno de los ritos ilustrativos de los efectos del sacramento: El celebrante toca los oídos y la boca del recién bautizado, diciendo: “El Señor que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda a su tiempo escuchar y proclamar la palabra de Dios”. Es el rito del “Effetá”, la palabra aramea de Jesús que ha conservado el evangelio de Marcos, que significa el don de la fe que se concede al neófito, para que pueda acceder al conocimiento de la verdad que Dios transmite en su revelación y que la Iglesia imparte en su enseñanza.

A veces podemos pensar que la fe es cosa nuestra, fruto de una deducción racional o de una enseñanza bien dada. Ahora bien, si reducimos la catequesis y la predicación a un método pedagógico ¿en qué queda el don teologal de la fe? Por ello los evangelistas traen estos signos que eran la base de la catequesis de preparación al Bautismo en los orígenes del cristianismo. Lo que el Señor hacía entonces visiblemente, ha pasado a los sacramentos de la Iglesia.

Todo ello está contenido en la preparación a la Iniciación Cristiana, el catecumenado, en él, con signos y enseñanzas, se va iniciando al futuro cristiano en el misterio de Cristo. Con signos como el “Effetá”, porque se asiste a una acción purificadora e iluminadora que viene de Dios, y con palabras, porque esta gracia divina se desarrolla en el catecúmeno racionalmente, con una asunción progresiva de la doctrina cristiana y los derechos y deberes de los cristianos.

Otro aviso de Santiago a las comunidades cristianas.

Estos domingos debemos prestar también atención a la lectura semi-continua de la carta de Santiago. Los defectos que denuncia no han desaparecido y pueden sustanciarse y aparecer en cualquier momento. Su palabra, que es de Dios, fue escrita para que se proclamase en la Iglesia de todos los tiempos. En esta ocasión, Santiago pone un ejemplo de falta de caridad en la asamblea litúrgica cristiana, mientras que la preferencia de Dios con los pobres debería ser modelo para la actuación de la Iglesia, sin tener otra acepción de personas

Jaime Sancho Andreu

LA PALABRA DE DIOS EN ESTE DOMINGO

Primera lectura y Evangelio. Isaías 35, 4-7ª y Marcos 7, 31-37: Cuando Jesús abrió los sentidos de un sordomudo estaba anunciando la libertad para escuchar y proclamar la palabra de Dios, como todavía se hace en la celebración del Bautismo con el rito del “Effetá” (ábrete); pero al mismo tiempo estaba proclamando la llegada del Reino de Dios, tal como lo reconocieron los asistentes al milagro. Este era un signo anunciado ya por los antiguos profetas (Primera lectura).

Segunda lectura. Santiago 2, 1-5: Santiago pone un ejemplo de falta de caridad en la asamblea litúrgica cristiana, mientras que la preferencia de Dios con los pobres debería ser modelo para la actuación de la Iglesia, sin tener otra acepción de personas.


« volver
Buscador de Noticias:      Búsqueda avanzada
Enlaces destacados
Arzobispado de Valencia
C/ Palau
Teléfono: +34 96 382 97 00
archivalencia@archivalencia.org
46003 Valencia
Fax: +34 96 391 81 20
www.archivalencia.org
©Archivalencia.org