Hoy es miércoles 19 de septiembre de 2018
Menú
Inicio / Liturgia





  Domingo XXII del tiempo ordinario
Ciclo B
pixel

  Primera lectura
  No añadáis nada a lo que os mando.... observaréis los preceptos del Señor
Lectura del libro del Deuteronomio 4,1-2.6-8

Moisés habló al pueblo, diciendo:
«Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os enseño para que, cumpliéndose, viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar.
No añadáis nada a lo que yo os mando ni suprimáis nada; observaréis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy.
Observadlos y cumplidlos, pues esa es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos, los cuales cuando tengan noticia de todos estos mandatos, dirán: “Ciertamente es un pueblo sabio e inteligente esta gran nación”.
Porque ¿dónde hay una nación tan grande que tenga unos dioses tan cercanos como el Señor , nuestro Dios, siempre que lo invocamos?
Y, ¿dónde hay otra nación tan grande que tenga unos mandatos y decretos tan justos como toda esta ley que yo os propongo hoy?».

  Salmo responsorial
  Sal 14, 2-3a. 3bc-4ab. 5
R Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua. R.

El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor. R.

El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. R.

  Segunda lectura
  Poned en práctica la palabra
Lectura de la carta del apóstol Santiago 1, 16b-18. 21b-22.27

Mis queridos hermanos:
Todo buen regalo y todo don perfecto viene de arriba, procede del Padre de las luces, en el cual no hay ni alteración ni sombra de mutación.
Por propia iniciativa nos engendró con la palabra de la verdad, para que seamos como una primicia de sus criaturas.
Aceptad con docilidad esa palabra, que ha sido injertada en vosotros y es capaz de salvar vuestras vidas.
Poned en práctica la palabra y no os contentéis con oírla, engañándoos a vosotros mismos.
La religiosidad auténtica e intachable a los ojos de Dios Padre es esta: atender a huérfanos y viudas en su aflicción y mantenerse incontaminado del mundo.

  Aleluya
 

Sant 1, 18
R. Aleluya, aleluya, aleluya

Por propia iniciativa del Padre nos engendró
con la palabra de la verdad,
para que seamos como una primicia de sus criaturas. R.


  Evangelio
 

Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23

En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas).

Y los fariseos y los escribas le preguntaron: «¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con las manos impuras?».

Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío,
porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.” Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».

Llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre.
Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones,
robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia,
difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».


  Comentarios
 

LA PUREZA DE CORAZÓN
(22º Domingo ordinario -B-, 2 de Septiembre de 2018)

Jesús y la ley de Moisés.

Volvemos de nuevo al evangelio según san Marcos, cuya lectura habíamos interrumpido para intercalar el discurso sobre el Pan de la Vida, conforme al evangelio de san Juan. Seguimos en Galilea, en la primera etapa del ministerio de Jesús, que es un momento en general positivo y optimista, con los milagros y la predicación en forma de parábolas que anunciaban el reino de Dios. Sin embargo, ya en estos momentos, Jesús tuvo que soportar las preguntas insidiosas de los fariseos, que en Galilea no tenían tanta importancia como en Judea, pero sin embargo, esa desconfianza de los guardianes de la Ley y las tradiciones judaicas anunciaba ya la gran controversia que se desataría contra Jesús cuando llegara a Jerusalén.

El “cambio” que trajo Jesús.

Nos engañaríamos si imaginásemos a Jesús como un revolucionario; su intención era poner a la luz el sentido más auténtico de la ley de Moisés y hacerlo universal, en torno al amor de Dios y al prójimo. El antiguo código de la pureza material tenía la misión de mantener unido y separado al pueblo de Israel, como porción “santa” de Dios entre todos los pueblos, pero este apartamiento carecía de sentido al anunciarse la salvación a todas las naciones, de modo que ahora el código de la pureza debía ser otro, más interior y espiritual. Como enseñaba Jesús había que precaverse de la impureza que nace del corazón del hombre y lo aparta de la santidad de Dios.

No se trataba de algo totalmente nuevo, pues el salmo 14 que hemos recitado lo decía claramente: Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda? El que procede honradamente y practica la justicia. Pero esto era demasiado, pues significaba desmontar el sistema exclusivo de aquellos que daban la misma importancia a todos los mandamientos y tradiciones.

Los judíos piadosos tuvieron el gran mérito de conservar la fe en el Dios único y su palabra revelada, a través de los siglos y las persecuciones. Pero cuando llegó la Palabra encarnada, hecha hombre, algunos como los apóstoles dieron el gran paso; pero muchos otros, especialmente los jefes del pueblo, no estuvieron a la altura del gran cambio que se les pedía.

El nuevo estilo de vida de Jesús.

Todo ello no es historia pasada. Nosotros corremos el mismo peligro que Jesús denuncia en el Evangelio. Sobran palabras y falta coherencia. Se dicen muchas y bellas palabras para dar buena imagen; es el estilo farisaico, pero Jesús se enfrenta a esta forma de entender religión y quiere coherencia entre la palabra y la vida. ¿No se ha fabricado a veces y, sobre todo, se ha vivido prácticamente, un cristianismo exterior y farisaico?

El apóstol Santiago, cuya carta hemos comenzado a leer hoy, era uno de aquellos judíos piadosos que creyeron en Jesús y dieron un sentido menos material y más universal a la antigua Ley, y ahora es él quien se dirige a nosotros para recordarnos el nuevo estilo de vida que Cristo ofrece: una religión pura e intachable que fructifica en obras concretas de caridad. No se trata de guardar una pureza externa, material, sino de no mancharse las manos con este mundo” (Sant 1, 27; Segunda lectura). La palabra de Dios enseña el camino a seguir, quien la escucha y la practica rectamente es coherente en su vida y no es un fariseo. La coherencia es una actitud que crea personalidad y servicio. Se engañan quienes establecen una división entre su vida religiosa y su vida social.

Jaime Sancho Andreu

LA PALABRA DE DIOS EN ESTE DOMINGO

Primera lectura y Evangelio. Deuteronomio 4, 1-2. 6-8 y Marcos 7, 1-8ª. 14-15. 21-23: Este domingo se vuelve a la lectura del Evangelio de Marcos, y en él se llega al pasaje donde Jesús critica la perversión de la Ley de Moisés hecha por los intérpretes posteriores y los fariseos. La antigua Ley era sabia y justa en grado superior a las de los demás pueblos y Jesús la respetaba, pero criticaba la hipocresía de un cumplimiento externo, sin atender a la pureza de conducta que nace del corazón.

Segunda lectura. Santiago 1, 17-18. 21b-22. 27: Comienza la lectura de la carta de Santiago, que seguiremos durante los próximos cuatro domingos. Este apóstol ha sido identificado tradicionalmente con el “pariente del Señor” y jefe de la Iglesia de Jerusalén. En todo el escrito se previene contra una fe abstracta, desencarnada y sin compromiso en las obras buenas que prueban su autenticidad.


« volver
Buscador de Noticias:      Búsqueda avanzada
Enlaces destacados
Arzobispado de Valencia
C/ Palau
Teléfono: +34 96 382 97 00
archivalencia@archivalencia.org
46003 Valencia
Fax: +34 96 391 81 20
www.archivalencia.org
©Archivalencia.org