Hoy es lunes 16 de julio de 2018
Menú
Inicio / Liturgia





  Domingo XIV del Tiempo Ordinario
Ciclo B
pixel

  Primera lectura
  Son un pueblo rebelde y reconocerán que hubo un profeta en medio de ellos
Lectura de la profecía de Ezequiel 2, 2-5

En aquellos días, el espíritu entró en mí, me puso en pie, y oí que me decía:
«Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, un pueblo rebelde que se ha rebelado contra mí.
Ellos y sus padres me han ofendido hasta el día de hoy. También los hijos tienen dura la cerviz y el corazón obstinado; a ellos te envío para que les digas: “Esto dice el Señor.”
Te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde, reconocerán que hubo un profeta en medio de ellos».

  Salmo responsorial
  Sal 122, 1-2a. 2bcd. 3-4
R. Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia.

A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores. R.

Como están los ojos de la esclava fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia. R.

Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos. R.

  Segunda lectura
  Me glorío de mis debilidades, para que resida en mí la fuerza de Cristo
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 7b-10

Hermanos:
Para que no me engría, se me ha dado una espina en la carne: un emisario de Satanás que me
abofetea, para que no me engría. Por ello, tres veces le he pedido al Señor que lo apartase de mí y me ha respondido: «Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad».
Así que muy a gusto me glorío de mis debilidades, para que resida en mí la fuerza de Cristo.
Por eso vivo contento en medio de las debilidades, los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

  Aleluya
 

Cf. Lc 4, 18ac

R. Aleluya, aleluya, aleluya

El Espíritu del Señor está sobre mí;
me ha enviado a evangelizar a los pobres. R.


  Evangelio
 

Evangelio: No desprecian a un profeta más que en su tierra
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 6, 1-6

En aquel tiempo, Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos.

Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba
asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?». Y se escandalizaban a cuenta de él.

Les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».

No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe.

Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.


  Comentarios
 

EL RECHAZO DE LA BUENA NOTICIA
(14º Domingo ordinario -B-, 8 de julio de 2018)

Guiados por Marcos.

En este domingo, seguimos el curso de evangelio según san Marcos propio de este año B. Volvimos a tomar esta lectura después de la cincuentena Pascual y las solemnidades siguientes; y ya que, al comenzar la Cuaresma, dejábamos a Jesús en los comienzos de su vida pública y ahora lo encontramos en su visita a Nazaret, donde se había criado. Allí fue recibido con indiferencia y desdén y el evangelista no oculta la crudeza del episodio.


El rechazo de los verdaderos profetas.

Los israelitas no solían aceptar bien la palabra de los profetas enviados por Dios, como Ezequiel, porque les pedían un cambio de vida y de sus hábitos religiosos (Primera lectura). Por eso los justos del Antiguo Testamento se lamentaban ante el Señor diciendo: Nuestra alma está saciada del sarcasmo de los satisfechos, del desprecio de los orgullosos (Salmo responsorial 122).

También los profetas cristianos, como san Pablo, tuvieron que padecer la incomprensión y el desprecio (Segunda lectura); y todo ello lo padeció Jesús, que no era mensajero de un Dios lejano, sino la encarnación humilde de la divinidad en un pueblo y en una familia concreta. Pasó con él lo que dice el refrán: “El santo, cuanto de más lejos, mejor”.

Jesús, rechazado en su patria.

Cuando Jesús volvió a Nazaret, donde se había criado, la patria de José y de María, donde estaban muchos de sus parientes, esta misma cercanía y familiaridad de la encarnación se utilizó como argumento en su contra para rechazar sus palabras, apoyadas por los signos milagrosos que hacía: ¿De dónde saca todo eso...? Y desconfiaban de él (Marcos 6,2). Jesús no pudo menos que extrañarse de su falta de fe (Mc. 6, 6).

El evangelista no oculta este momento difícil de la vida pública del Señor, cuando no pudo hacer allí ningún milagro (6, 5); porque san Marcos escribía para los cristianos de fuera de Israel que, al contrario, sí que habían creído en el Evangelio del Hijo de Dios y habían visto los signos salvadores que ocurrían entre ellos gracias a la fe.

El rechazo de la Iglesia de Cristo y su misión actual.

Es lo mismo que ocurre ahora, cuando la mayor cercanía al pueblo y la encarnación de la Iglesia en las diferentes culturas se vuelve a veces en su contra, por obra de quienes llevan este proceso a comprometer la identidad del Evangelio y de la propia Iglesia o por los que desearían una Iglesia más sacral, intemporal y - sobre todo - menos comprometida y comprometedora con el mundo actual, al que debemos salvar.

La Iglesia es como Jesús, divina y humana a la vez, pero esta grandeza divina no se expande hacia afuera en forma de signos triunfales, sino que crece en profundidad hacia dentro, con una humildad semejante a la de Jesús. Como lo explicaba el papa Francisco en su Exhortación Apostólica “Gaudete et exultate (18 de marzo de 2018): “La humildad solamente puede arraigarse en el corazón a través de las humillaciones. Sin ellas no hay humildad ni santidad. Si tú no eres capaz de soportar y ofrecer algunas humillaciones no eres humilde y no estás en el camino de la santidad. La santidad que Dios regala a su Iglesia viene a través de la humillación de su Hijo, ése es el camino. La humillación te lleva a asemejarte a Jesús, es parte ineludible de la imitación de Jesucristo: «Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas» (1 P 2,21). Él a su vez expresa la humildad del Padre, que se humilla para caminar con su pueblo, que soporta sus infidelidades y murmuraciones (cf. Ex 34,6-9; Sb 11,23-12,2; Lc 6,36). Por esta razón los Apóstoles, después de la humillación, «salieron del Sanedrín dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús» (Hch 5,41).

Tal actitud supone un corazón pacificado por Cristo, liberado de esa agresividad que brota de un yo demasiado grande. La misma pacificación que obra la gracia nos permite mantener una seguridad interior y aguantar, perseverar en el bien «aunque camine por cañadas oscuras» (Sal 23,4) o «si un ejército acampa contra mí» (Sal 27,3). Firmes en el Señor, la Roca, podemos cantar: «En paz me acuesto y enseguida me duermo, porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo» (Sal 4,9). En definitiva, Cristo «es nuestra paz» (Ef 2,14), vino a «guiar nuestros pasos por el camino de la paz» (Lc 1,79). Él transmitió a santa Faustina Kowalska que «la humanidad no encontrará paz hasta que no se dirija con confianza a la misericordia divina». Entonces no caigamos en la tentación de buscar la seguridad interior en los éxitos, en los placeres vacíos, en las posesiones, en el dominio sobre los demás o en la imagen social: «Os doy mi paz; pero no como la da el mundo» (Jn 14,27).”

Jesús y la Iglesia son la buena noticia para el mundo.

A pesar de su cercanía, Jesús no despertaba la fe de ciertas personas porque no lo tenían a él precisamente por una buena noticia, por lo que decía y por lo que hacía; sin embargo, el Señor realizaba signos milagrosos para probar lo que él era de verdad: la Buena Noticia de la salvación, desde lo profundo de su ser: el Hijo de Dios hecho hombre. Del mismo modo la Iglesia, para hacerse cercana al mundo en que vive y ser una Buena Noticia para él, debe identificarse con Jesucristo y profundizar en su espiritualidad, para encarnarse sin dejar de ser ella misma.

Pero la Iglesia se parece también a Jesús en su destino, cuando deja de ser una buena noticia para los que están satisfechos en su situación y se resisten a cambiar. Entonces se piensa que el Señor no puede hacer ya milagros por medio de su Iglesia. Se cierran entonces los ojos a los signos del Reino de Dios que florecen sin cesar - conversiones, rescates de la injusticia y de la marginación, ejemplos de fe y caridad extremas... - y se apela a un Dios lejano, a veces en los misterios de las sectas esotéricas o neo-paganas, sin tener en cuenta al hijo del carpintero, que sigue haciéndose presente entre nosotros y a sus actuales discípulos.

Jaime Sancho Andreu



LA PALABRA DE DIOS EN ESTE DOMINGO

Primera lectura y Evangelio. Ezequiel 2, 2-5 y Marcos 6, 1-6: El pueblo de Israel recibió mal con mucha frecuencia los mensajes de los profetas enviados por Dios, como Ezequiel. Del mismo modo Jesús se encontró con la obstinación y dureza de corazón de sus propios paisanos, de modo que la cercanía y familiaridad de la encarnación se tomaba como motivo para no creer en sus palabras y en sus milagros.

Segunda lectura. 2 Corintios 12, 7b-10: Termina este domingo la lectura de la segunda carta de san Pablo a los Corintios con una defensa propia, en la que argumenta a favor de su apostolado. Si humanamente es débil y se comporta con humildad, tiene a su favor la revelación y la fuerza de Cristo.


« volver
Buscador de Noticias:      Búsqueda avanzada
Enlaces destacados
Arzobispado de Valencia
C/ Palau
Teléfono: +34 96 382 97 00
archivalencia@archivalencia.org
46003 Valencia
Fax: +34 96 391 81 20
www.archivalencia.org
©Archivalencia.org