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  Fieles difuntos
Ciclo A
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  Primera lectura
  Aniquilará la muerte para siempre.
Lectura del libro del profeta Isaías 25, 6a. 7-9

En aquel día, preparará el Señor de los Ejércitos,
para todos los pueblos, en este monte,
un festín de manjares suculentos.
Y arrancará en este monte
el velo que cubre a todos los pueblos,
el paño que tapa a todas las naciones.
Aniquilará la muerte para siempre.
El Señor Dios enjugará
las lágrimas de todos los rostros,
y el oprobio de su pueblo
lo alejará de todo el país.
- Lo ha dicho el Señor –
Aquel día se dirá:
aquí está nuestro Dios,
de quien esperábamos que nos salvara;
celebremos y gocemos con su salvación.

Palabra de Dios.

  Salmo responsorial
  Sal 26, 1. 4. 7 y 8b y 9ª. 13-14.

V/. El Señor es mi luz y mi salvación.

V/. Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida ;
gozar de la dulzura del Señor
contemplando su templo. R/.

V/. Escúchame, Señor, que te llamo,
ten piedad, respóndeme.
-Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro. R/.

V/. Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
-Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R/.

  Segunda lectura
  Andemos en una vida nueva

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 6, 3-9

Hermanos:
Los que por el Bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su muerte.
Por el Bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue despertado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
Porque, si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya.
Comprendamos que nuestra vieja condición ha sido crucificada con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores y nosotros libres de la esclavitud al pecado; porque el que muere ha quedado absuelto del pecado.
Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él.

Palabra de Dios.

  Aleluya
 

Jn 3, 16

Tanto amó Dios al mundo,
que entregó a su Hijo único.
Todos los que creen en él
Tienen vida eterna.


  Evangelio
 

El que cree en el Hijo tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día
Lectura del santo Evangelio según San Juan (6, 37-40).

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente :
Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí, no lo echaré afuera; porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.
Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él, tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Palabra del Señor.


  Comentarios
 

CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS
(2 de noviembre de 2017).

Historia de esta festividad.

A finales del siglo X se fundó el monasterio de san Pedro de Cluny, en la Borgoña francesa, con el propósito de que estuviera ligado de forma especial a la Sede de Roma y libre de las dependencias feudales de la época. De este modo pudo tener los mejores abades y ampliar su benéfica influencia a toda la cristiandad; incluso varios de sus monjes llegaron a ser Papas y grandes reformadores de la Iglesia en el comienzo del segundo milenio cristiano, como san Gregorio VII. En aquellos años fundacionales, el gran abad san Odilón de Cluny, en el año 998, mandó a todos los monasterios unidos a su jurisdicción que, en el día siguiente al de la festividad de Todos los Santos, se hiciera memoria de todos los difuntos. En el siglo XIV se incluyó esta celebración en el calendario de la Iglesia romana. En aquel siglo se concedió también a los sacerdotes de España ampliar a tres misas el permiso que se tenía de celebrar dos veces este día. El Papa Benedicto XV conoció esta costumbre durante su permanencia en la nunciatura de Madrid, y extendió este privilegio a todos los sacerdotes de rito romano.

No debe confundirse esta memoria con la fiesta de Todos los Santos, pues en ésta pedimos la intercesión de los glorificados, mientras que el día 2 se pide por los difuntos que están en el periodo de purgación o purificación del resto de pena que sus faltas dejaron en ellos; son los “sufragios” o “ayudas” espirituales que les prestamos, y recordemos que la visita al cementerio del día 1 al 8 de noviembre con la oración por los difuntos, o a cualquier Iglesia en este día 2, rezando allí el Padre nuestro y el Credo, lleva consigo la Indulgencia plenaria aplicable por los difuntos, todo ello teniendo en cuenta las condiciones ordinarias de confesión, comunión y petición por las intenciones del Papa.

El sentido de esta conmemoración.

Nos preguntamos qué sentido tiene rezar por los que ya hace mucho tiempo que murieron, o por los que no conocemos, pero hemos de pensar que para Dios todo está siempre presente, de modo que en realidad pedimos por la salvación de las personas en el momento de la muerte, y por el alivio de su estado de purificación, aunque éste ya haya concluido.

Los medios de comunicación nos dan a conocer gran número de muertes, de cristianos o de otras religiones. Deberíamos acostumbrarnos a rezar por todos ellos, para no acostumbrarnos o insensibilizarnos ante tanta desgracia y tantos crímenes y a encomendarlos a la misericordia de Dios con nuestras oraciones.

Jaime Sancho Andreu.


LA PALABRA DE DIOS EN ESTA FESTIVIDAD

Las lecturas se toman de las misas de difuntos en los leccionarios V y VIII.
Se propone, como ejemplo, esta selección de textos:

Primera lectura y Evangelio Isaías 25, 6a. 7-9 y Juan 6, 37-40: Los profetas anunciaron un tiempo futuro en el que el destino del hombre no terminaría en la muerte, sino que se abriría a una vida nueva, fruto de la salvación obrada por Dios por medio de su Mesías. Este Salvador fue Jesucristo, que reparó la ofensa del pecado con su obediencia y quiere guardar para la vida eterna a todos aquellos que se le acercan con fe.

Segunda lectura. Romanos 6, 3-9: Jesucristo nos salva de la muerte eterna cuando nos incorpora a su propia vida mediante los sacramentos de la iniciación cristiana. El Bautismo nos a unido al misterio de su muerte y resurrección y esta incorporación llegó a su perfección mediante la Confirmación y la Eucaristía. Ahora nuestro destino está unido al de nuestro Salvador, en la muerte y en la vida.


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