Hoy es viernes 20 de octubre de 2017
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  Domingo XXX del Tiempo Ordinario
Ciclo A
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  Primera lectura
  Si explotáis a viudas y huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros
Lectura del libro del Éxodo 22, 20-26

Así dice el Señor:
«No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto.
No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré morir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos.
Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándole intereses.
Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.»

Palabra de Dios

  Salmo responsorial
  Sal 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab

R. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

Yo te amo, Señor;
tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca,
mi alcázar, mi libertador. R.

Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R.

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador.
Tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu Ungido. R.

  Segunda lectura
  Abandonasteis los ídolos para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 5c-10

Hermanos:
Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la palabra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya.
Desde vuestra Iglesia, la palabra del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas partes. Vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.

Palabra de Dios

  Aleluya
 

Jn 14, 23

El que me ama guardará mi palabra -dice el Señor-,
y mi Padre lo amará, y vendremos a él.


  Evangelio
 

Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo
Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús habla hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
- «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»
Él le dijo:
- "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser."
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
"Amarás a tu prójimo como a ti mismo."
Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

Palabra del Señor


  Comentarios
 

LAS DOS COLUMNAS DE LA LEY
(30º Ordinario -A-, 29 de octubre de 2017)

La controversia sobre el principal mandamiento

Después de varias preguntas comprometedoras, Jesús fue consultado por los fariseos de Jerusalén acerca del mandamiento principal de la Ley; el Señor respondió citando la frase que los judíos decían cada mañana en la oración: "Escucha, Israel..., amarás al Señor con todo tu corazón" (Deut 6, 4-5). A este precepto unió el del amor al prójimo, conforme al Antiguo Testamento y a sus intérpretes, como se ha podido escuchar en la primera lectura; pero lo original de Jesús era la universalidad de su concepto de prójimo, que comprendía incluso a los enemigos. En un lugar semejante, contenido en el Evangelio según san Lucas, Jesús añadió a esta enseñanza la parábola del buen samaritano, como una explicación más amplia del amor al prójimo (Lucas 10, 25-37).

La enseñanza de Jesús y la de los doctores de la Ley

La pregunta no dejaba de ser comprometida. En efecto, aunque no faltaban voces que reclamaban el primer lugar para el amor a Dios y al prójimo, y así un gran maestro decía que estos dos mandamientos eran como las dos piernas sobre las que camina un hombre (Hillel), otros rabinos decían que la pregunta sobre el mandamiento principal era ilegítima, pues ponía la Ley en manos de los hombres, determinando para el pueblo cuál era la enseñanza moral más importante. La opinión más extendida era que el mandamiento más importante era el descanso del sábado, pues el mismo Dios guardó este precepto en el séptimo día de la creación (Gen 2, 2-3).

La determinación de mandamientos grandes y pequeños no significaba, sin embargo, que unos fueran menos obligatorios que otros: todos tenían la misma importancia. se contaban en la Ley 613 mandamientos; de ellos, 365 negativos y 248 positivos. En esta moral atomizada faltaba la visión sintética que orientase a los fieles, como deseaba el profeta Miqueas, cuando pregonaba de este modo: ¡Oh hombre!, bien te ha sido declarado lo que es bueno y lo que de ti pide Yahwéh: hacer justicia, amar el bien y caminar en la presencia de tu Dios (Mi 6, 8).

Éste es el mandamiento que los dirigentes de Israel habían quebrantado sin cesar, como lo expuso Jesús por medio de las parábolas leídas en los domingos anteriores. La observancia de esta ley del amor habría hecho de Israel una sociedad justa, pero el proyecto de Dios había fracasado, como declaró el Señor nada más entrar en Jerusalén y purificar el Templo: Habéis convertido mi casa en una cueva de ladrones (Mt 21, 13).

Con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser

La palabra de Jesús se dirige ahora a los cristianos: ¿Somos nosotros mejores que los dirigentes de Israel? Con todo tu corazón: que es la sede de los pensamientos del hombre. Con toda tu alma, que es la fuerza vital, y con toda ella debe orientarse el hombre hacia Dios; y con todo tu ser, pues el amor no debe ser mero sentimiento, sino dirección de toda la vida. No podemos contentar a Dios con un culto vacío de compromiso personal. Pero, además, debemos ir hacia Dios apoyándonos en la otra columna de la Ley: el amor al prójimo con todo el corazón, con toda el alma y con todo el ser. El segundo mandamiento es semejante al primero, porque se desgaja de él, complementándolo, como la mujer viene del hombre en el relato de Génesis 2, como ayuda semejante, para complementarlo, siendo con él una sola carne.

Los diez mandamientos

Los primeros cristianos se dieron cuenta de que de debían conservar los antiguos mandamientos como guía de sus vidas, comenzando por reconocer y amar al Dios Único, como hicieron los fieles de Tesalónica, a quienes san Pablo alabó porque se habían convertido en un signo para los paganos, misionera para toda aquella región, y en un ejemplo para las demás Iglesias: Ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro (1 Tes 1, 9-10; Segunda lectura).

Los diez mandamientos, heredados del Antiguo testamento y ratificados varias veces por Jesús, así como los mandamientos de la Iglesia, son como las señales puestas en la orilla del camino para avisarnos que nos salimos de él; no podemos decir que amamos a Dios y al prójimo si no cumplimos estos preceptos elementales.

Respetar el nombre de Dios, santificar las fiestas (con la aplicación que hacen los mandamientos de la Iglesia a los mandamientos que se refieren a Dios, a la virtud de la religión), es lo menos que se puede hacer si se pretende amar a Aquél que es el modelo del amor; el profeta Isaías lo resume en una frase lapidaria, poniendo estas palabras en labios de Dios: Si el pobre grita a mí yo lo escucharé, porque soy compasivo (Is 22, 26; Primera lectura).

Respetar a los padres es lo menos que se puede hacer respecto de los que son imagen del Dios que es padre y madre a la vez. No matarás, no cometerás adulterio, no mentirás, no robarás... son preceptos negativos que nos señalan un límite, por debajo del cual no puede existir el amor al prójimo. Pero más allá de los mandamientos se abre el camino inmenso del amor que Jesucristo nos muestra una y otra vez en el sacrificio de la cruz que se renueva en la mesa eucarística.

Jaime Sancho Andreu
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LA PALABRA DE DIOS EN ESTE DOMINGO

Primera lectura y Evangelio. Éxodo 22, 20-26 y Mateo 22, 34-40: Después de varias preguntas comprometedoras, Jesús fue consultado por los fariseos de Jerusalén acerca del mandamiento principal de la Ley; el Señor respondió citando la frase que los judíos decían cada mañana en la oración: "Escucha, Israel..., amarás al Señor con todo tu corazón". A este precepto unió el del amor al prójimo, conforme al Antiguo Testamento y a sus intérpretes; pero lo original de Jesús era la universalidad de su concepto de prójimo, que comprendía incluso a los enemigos.

Segunda lectura. 1 Tesalonicenses 1, 5c-10: Prosiguiendo la lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Tesalónica, hacemos memoria de esta Iglesia joven que se convirtió en misionera de toda su región, gracias al ejemplo de la nueva vida de sus miembros; su testimonio hacía innecesarias las palabras.


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