Hoy es viernes 20 de octubre de 2017
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  Domingo XXVII del Tiempo Ordinario
Ciclo A
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  Primera lectura
  La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel
Lectura del libro de Isaías 5, 1-7

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña.
Mi amigo tenía una viña en fértil collado.
La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar.
Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones.
Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mi y mi viña.
¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho?
¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones?
Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen.
La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos; prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.
La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel;
son los hombres de Judá su, plantel preferido.
Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos. Palabra de Dios

  Salmo responsorial
  R. La viña del Señor es la casa de Israel.

Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste.
Extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río. R.

¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas? R.

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa. R.

No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.
Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve. R.

  Segunda lectura
  Poned esto por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 6-9

Hermanos:
Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.
Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra.
Y el Dios de la paz estará con vosotros. Palabra de Dios

  Aleluya
 

Jn 15, 16

Yo os he elegido del mundo,
para que vayáis y deis fruto,
y vuestro fruto dure -dice el Señor-.


  Evangelio
 

Arrendará la viña a otros labradores
Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 33-43

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
- «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondan. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo."
Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia."
Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.
Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
Le contestaron:
- «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y Jesús les dice:
- «¿No habéis leído nunca en la Escritura:
"La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"?
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.» Palabra del Señor


  Comentarios
 

EL RECHAZO DE JESUCRISTO
(27º Domingo ordinario -A-, 8 de octubre de 2017)

Una nueva parábola de la ingratitud

Una nueva parábola, la de "los viñadores homicidas", pone al descubierto la mala disposición de los jefes de Israel, reacios desde antiguo a reformarse, obedeciendo a los profetas y, últimamente, a Cristo. Su deformación moral venía de creerse dueños de la religión y del pueblo elegido, la viña escogida de Dios, conforme a la metáfora utilizada por Isaías en su hermoso poema. El amor de Dios a su pueblo tuvo como respuesta los frutos amargos de la injusticia.

La parábola resume la historia de Israel

Jesús utiliza el mismo tema y palabras semejantes a las del "canto de la viña" del profeta Isaías, para hacer ver lo poco que han cambiado los jefes de Israel. Dios envió dos tandas de profetas, antes y después del exilio de Babilonia y, por último, a su Palabra hecha carne, al Hijo unigénito y amado. La clase dirigente de Israel reacciona siempre de la misma manera: los profetas y el Hijo vienen a descomponer el esquema de poder y de organización religiosa y social del pueblo del que aquellos se sienten dueños absolutos, por ello la conclusión es clara: Este es el heredero, venid, lo matamos y nos quedamos con la herencia (Mt 21, 38).De forma simbólica se alude a la pasión de Jesucristo, que fue muerto fuera de la ciudad, y a la destrucción del Templo y la dispersión de los dirigentes del antiguo Israel.

El nuevo pueblo de Dios

El Señor es fiel a sus promesas, por ello habla de un único pueblo elegido del que el resto de Israel, los que creyeron en Jesús, será el núcleo originario: Por eso os digo que se os quitará a vosotros el Reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos (Mt 21, 43).

Pero no podemos quedarnos en una lectura del Evangelio meramente histórica que nos lleve a considerar lo mal que actuaron los judíos con Jesús. Es verdad que esta parábola es sumamente esclarecedora para comprender el sentido del misterio pascual de Jesucristo, rechazado por los jefes del pueblo y ensalzado por el Padre como piedra angular de su nuevo Templo (Salmo 117, 22-23; Mt 21, 42); pero la palabra evangélica se dirige ahora al nuevo pueblo de Dios y lo interpela para que descubra que puede haber caído en la misma deformación moral que el antiguo.

Nosotros somos ahora ese nuevo pueblo, la viña elegida de Dios en la que Cristo es la cepa madre de la que brotan los sarmientos que son los injertados en él por el bautismo, judíos y gentiles: Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no lleve fruto, lo cortará; y todo el que dé fruto, lo podará, para que dé más fruto (Juan 15, 1-2). ¿Qué frutos espera el Padre de los nuevos fieles? ¿Qué espera de nosotros, de los que estamos unidos en Cristo?

¿Qué espera ahora Dios de su pueblo?

Volvamos a la lectura de Isaías: Yahwéh Sabahot (5, 7), el "Señor de los turnos sacerdotales de adoración permanente en el santuario" desea ser reconocido con un culto que es la cima de un conjunto de acciones concretas en las que se materializa el mandamiento del amor a Dios y al prójimo.

Dios espera de nosotros, en primer lugar, que creamos en su Hijo con una fe tal que nos saque de nuestros esquemas mundanos y nos abra a su palabra, que nos haga capaces de cambiar de verdad. Este es el trabajo-liturgia que Dios quiere, que creáis en aquél que el Padre envió (Juan 6, 29).

Dios espera de nosotros que guardemos el derecho y la justicia (Is 5, 7) que son reflejo de la voluntad de amor que es la esencia divina. Por eso Dios se irrita al verse rodeado de un culto externo entre el que se alzan los lamentos de los oprimidos (v. 7). El derecho y la justicia, sobre todo hacia los más débiles, es la base del comportamiento humano sobre el que se edifican las acciones más espirituales. El propio Jesús tuvo que recordarlo en varias ocasiones: Dejáis de lado lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la lealtad (Mateo 23, 23).

Sobre este cimiento se levanta la conducta cristiana, que es la propia de los hombres que viven como imágenes verdaderas de Dios, conforme al Hijo, el hombre perfecto. San Pablo nos lo recuerda este domingo: Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable; todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta (Filipenses 4, 8; Segunda lectura).

Jaime Sancho Andreu


LA PALABRA DE DIOS EN ESTE DOMINGO

Primera lectura y Evangelio. Isaías 5,1-7 y Mateo 21,33-43: Una nueva parábola, la de los viñadores homicidas, pone al descubierto la mala disposición de los jefes de Israel, reacios desde antiguo a reformarse, obedeciendo a los profetas y, últimamente, a Cristo. Su deformación moral venía de creerse dueños de la religión y del pueblo elegido, la viña escogida de Dios, conforme a la metáfora utilizada por Isaías en su hermoso poema. El amor de Dios a su pueblo tuvo como respuesta los frutos amargos de la injusticia.

Segunda lectura. Filipenses 4,6-9: San Pablo hace una personificación de la paz que viene de Dios; como un centinela; ella custodiará las mentes y los corazones de los cristianos. Esa clase de paz supera todo juicio, porque es un estado de serenidad tan sublime que ningún esfuerzo humano puede producirlo.


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