Hoy es viernes 21 de julio de 2017
Menú
Inicio / Liturgia





  Domingo XVII del Tiempo Ordinario
Ciclo A
pixel

  Primera lectura
  Pediste discernimiento
Lectura del primer libro de los Reyes 3, 5. 7-12

En aquellos días, el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo:
- «Pídeme lo que quieras.»
Respondió Salomón:
- «Señor, Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre, en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé desenvolverme. Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo, un pueblo inmenso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien, pues, ¿quién sería capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?»
Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello, y Dios le dijo:
- «Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti.»

Palabra de Dios

  Salmo responsorial
  Sal 118, 57 y 72. 76-77. 127-128. 129-136

R. ¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!

Mi porción es el Señor;
he resuelto guardar tus palabras.
Más estimo yo los preceptos de tu boca
que miles de monedas de oro y plata. R.

Que tu bondad me consuele,
según la promesa hecha a tu siervo;
cuando me alcance tu compasión, viviré,
y mis delicias serán tu voluntad. R.

Yo amo tus mandatos
más que el oro purísimo;
por eso aprecio tus decretos
y detesto el camino de la mentira. R.

Tus preceptos son admirables,
por eso los guarda mi alma;
la explicación de tus palabras ilumina,
da inteligencia a los ignorantes. R.

  Segunda lectura
  Nos predestinó a ser imagen de su Hijo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 28-30

Hermanos:
Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio.
A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos.
A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó, a los que justificó, los, glorificó.

Palabra de Dios

  Aleluya
 

Mt 11, 25
Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra,
porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla.


  Evangelio
 

Vende todo lo que tiene y compra el campo
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 44-52

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
- «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.
El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Entendéis bien todo esto?»
Ellos le contestaron:
- «Sí.»
Él les dijo:
«Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»

Palabra del Señor


  Comentarios
 

EL LIBRO DE LAS PARÁBOLAS (Y III): EL REINO DE LOS CIELOS
(17º Domingo ordinario -A-, 6-Agosto-2017)


Final del "Libro de las parábolas"

Llegamos al final del discurso de Jesús sobre el Reino de los cielos. Esta sección del Evangelio de san Mateo concluye con un dos breves parábolas muy semejantes: el tesoro escondido y la perla de gran valor, y otra algo más extensa, la de la red barredera. Una enseñanza semejante a la contenida en la parábola de la cizaña se expone en la de la red de arrastre, con su revoltijo de peces buenos y malos antes de la separación final: hay que confiar en Dios, que es justo y paciente. Las breves parábolas del tesoro escondido y de la perla enseñan que el Reino de los cielos está por encima de todo, y por él se ha de sacrificar todo lo demás. Del mismo modo que el joven Salomón prefirió el don de la sabiduría a los bienes materiales.

El Reino viene de Dios

Frente a cualquier tentación de pensar que el reino de Dios puede ser fruto de la acción más o menos concertada de los humanos, Jesús enseña expresamente que uno se encuentra con el Reino, tiene la suerte de topar con el. Quienes tienen la dicha inmerecida de vivir en esta plenitud de los tiempos que se inauguró con Jesucristo, merecen ser felicitados tal como lo hacía Jesús en la conclusión de la parábola del sembrador: Dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron... (Mt 13, 16-17; Domingo 15º).

Esta gracia inmerecida viene expuesta solemnemente por san Pablo en la segunda lectura. En el pasaje fundamental de la carta a los Romanos que se lee este domingo (8, 28-30), se expone el plan completo de Dios (vocación, elección, predestinación y justificación) que tiene como finalidad el destino de gloria para quienes participan en la vida resucitada de Cristo. Es un texto difícil del Nuevo testamento, pero hay que tener en cuenta de que no se trata de una predestinación individual, como si el destino de cada uno estuviese ya determinado infaliblemente, sino de una gracia concedida a los cristianos como grupo: estos se encuentran con la sorpresa del reino de Dios que ha comenzado ya; como el jornalero que encuentra un tesoro en campo ajeno, sin buscarlo premeditadamente.

La decisión ante el Reino y el juicio de Dios

Pero no basta con recibir esta gracia; cada uno debe tomar una decisión personal ante el reino de justicia, amor y paz que trae Jesús. Es una gran fortuna encontrarlo, pero pide la renuncia a muchas cosas, a toda una visión del mundo, a la anterior orientación de vida, para poder hacerlo propio y disfrutarlo. Es el venderlo todo, el cargar con la cruz, el aborrecer la vida anterior que Jesús repite en otros pasajes del Evangelio. Porque el reino de los cielos inaugura una nueva etapa y todo el equipaje anterior ya no sirve; en el mejor de los casos, se queda pequeño, como ya le es inútil su viajo ajuar al nuevo rico o al que empieza a ser un gran comerciante.

Cuando Jesús fue al encuentro de sus futuros apóstoles en las riberas del mar de Galilea, cuando llamó a Mateo en su mesa de tributos, estos hombre se encontraron sin buscarlo con el reino de Dios. Lo mismo ha ocurrido con cada uno de nosotros. En nuestro caso, esta decisión radical tuvo un momento clave en la iniciación cristiana, pero puede pasar por muchos altibajos a lo largo de la vida. En la historia de cada uno ha habido momentos decisivos ante Dios, positivos y negativos. Todos conocemos el ejemplo de san Pedro, que lo dejó todo por Jesús, pero luego lo negó y finalmente volvió a la primera fidelidad. Por eso debemos dejar de lado todo juicio personal y respetar lo que ocurre en la intimidad de la relación de cada persona con Dios. Como dice la última parábola, el reino de los cielos es como una red de arrastre que lanzan al mar del mundo los pescadores de hombres (Mt 4, 19), los apóstoles y sus sucesores. En el ejemplo los peces no pueden decidir, son buenos o malos según lo creen los pescadores; pero en el caso del Reino, los pescados pueden decidir si serán de los que valen o no. Más aún, se puede cambiar de calidad a lo largo del proceso de toda una vida. Los hombres no somos vegetales como el trigo o la cizaña, ni peces buenos o malos por naturaleza; somos seres libres, amparados y motivados por la gracia de Dios, a quien pertenece el juicio al final de los tiempos, pues sólo entonces el reino de los cielos será una realidad perfecta y eterna.

Jaime Sancho Andreu

LA PALABRA DE DIOS HOY

Primera lectura y Evangelio. 1 Reyes 3, 5.7-12 y Mateo 13, 44-52: Una enseñanza semejante a la contenida en la parábola de la cizaña se expone en la de la red de arrastre, con su revoltijo de peces buenos y malos antes de la separación final: hay que confiar en Dios, que es justo y paciente. Las breves parábolas del tesoro escondido y de la perla enseñan que el Reino de los cielos está por encima de todo, y por él se ha de sacrificar todo lo demás. Del mismo modo que el joven Salomón prefirió el don de la sabiduría a los bienes materiales.

Segunda lectura. Romanos 8, 28-30: En el pasaje fundamental de la carta a los Romanos que se lee este domingo, se expone el plan completo de Dios (vocación, elección, predestinación y justificación) que tiene como finalidad el destino de gloria para quienes participan en la vida resucitada de Cristo. No se trata de una predestinación individual, sino de los cristianos como grupo.


« volver
Buscador de Noticias:      Búsqueda avanzada
  PAPA FRANCISCO
Síntesis y texto íntegro en PDF
  HÉROES DE NUESTRA FE
Conoce su vida a través de archivos sonoros
Enlaces destacados
Arzobispado de Valencia
C/ Palau
Teléfono: +34 96 382 97 00
archivalencia@archivalencia.org
46003 Valencia
Fax: +34 96 391 81 20
www.archivalencia.org
©Archivalencia.org