Hoy es viernes 21 de julio de 2017
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  Domingo XVI del Tiempo Ordinario
Ciclo A
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  Primera lectura
  En el pecado, das lugar al arrepentimiento
Lectura del libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19

Fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todo, ante quien tengas que justificar tu sentencia. Tu poder es el principio de la justicia, y tu soberanía universal te hace perdonar a todos. Tú demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total, y reprimes la audacia de los que no lo conocen. Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres. Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento.
Palabra de Dios.

  Salmo responsorial
  Sal 85, 5-6. 9-10. 15-16a (R.: 5a)

R. Tú, Señor, eres bueno y clemente.

Tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica. R.

Todos los pueblos
vendrán a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios.» R.

Pero tú, Señor,
Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí. R.

  Segunda lectura
  El Espíritu intercede con gemidos inefables
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 26-27

Hermanos:
El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.
Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

Palabra de Dios.

  Aleluya
 

Cf. Mt 11, 25

Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra,
porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla.


  Evangelio
 

Dejadlos crecer juntos hasta la siega
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 24-43

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente:

-«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo:
"Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?"
Él les dijo:
"Un enemigo lo ha hecho."

Los criados le preguntaron:
"¿Quieres que vayamos a recogerla?
Pero él les respondió:

"No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores:
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Les propuso esta otra parábola:

-«El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»
Les dijo otra parábola:

-«El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.»
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada.
Así se cumplió el oráculo del profeta:

«Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.»
Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle:
-«Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»
Él les contestó:

-«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.
Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga. »

Palabra de Dios


  Comentarios
 

EL LIBRO DE LAS PARÁBOLAS (II): LA CIZAÑA
(16º Domingo ordinario -A-, 23 - Julio - 2017)

Tres nuevas parábolas del reino de Dios

En el Evangelio de este domingo, Jesús sigue exponiendo los "secretos del reino de Dios" por medio de otras tres parábolas, y en esta ocasión se dice expresamente que elige esta forma de discurso para anunciar lo que no se había dicho desde la fundación del mundo (Mt 13, 35). En este mundo sólo se puede hablar de las cosas del cielo y de Dios en imágenes, en parábolas.

Las tres imágenes que Jesús propone en esta ocasión: la cizaña, la levadura y el grano de mostaza, muestran algo de la paradoja del crecimiento del reino de Dios en este mundo tan indispuesto para lo divino.

En la primera, la semilla de Dios crece en medio de la mala hierba, la cizaña, que no ha sido sembrada por Dios, sino por su enemigo, y que Dios deja crecer para no poner en peligro prematuramente la cosecha.

En la segunda se podría entender lo contrario: los judíos celebran la fiesta de los ácimos (de los panes nuevos, puros, sin levadura, fiesta unida a la Pascua), la levadura les parecía podredumbre, impureza. Ahora, sin embargo, la levadura de la nueva fiesta cristiana penetra en la masa y hace que ésta fermente poco a poco.

Y finalmente, el reino de los cielos es como la más pequeña de todas las semillas, pero termina siendo más grande que todas las demás plantas. La primera parábola es objeto de una explicación alegórica, como la del sembrador (domingo pasado), las otras dos son tan claras en su simbolismo que no necesitan explicación.

No adelantar el juicio de Dios

Al final de la parábola de la cizaña mezclada con el trigo, se produce una separación inexorable: la cizaña se arranca, se ata en gavillas y se quema; el trigo se almacena en el granero de Dios. La separación es necesaria porque nada impuro puede entrar en el reino del Padre. La enseñanza de Jesús, sin embargo, nos previene contra la tentación de acelerar los tiempos, de juzgar antes de hora - ocupando el lugar de Dios - y de introducir a la Iglesia en un proceso inquisitorial para reducirla a una secta de "puros". En realidad, y visto desde Dios ¿Hay personas que no son más que cizaña e impureza? El juicio al respecto le corresponde sólo a Dios. En la primera lectura, que resume la sabiduría del Antiguo Testamento, se nos dice que Dios, en su "poder total", practica una justicia perfecta; pero que precisamente este poder ilimitado le lleva a gobernar con indulgencia, con clemencia, con moderación; y al mostrar esta indulgencia suya a su pueblo, le enseña que el justo debe ser humano.

La paciència de Dios

La paciencia de Dios hacia los más grandes pecadores debe hacer nacer en los verdaderos creyentes una doble esperanza; por una parte podemos seguir orando por la salvación de todos los hombres, aún de aquellos que externamente aparecen como más alejados de Dios y de sus mandamientos; por otra, mirando a nuestro interior, serenamos nuestra ansiedad por la propia salvación - porque ¿quién puede ser justo ante Dios? - pues nos dirigimos confiadamente al Padre y le decimos: Diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento (Sabiduría 12, 19; Primera lectura).

La visión del mundo actual

Los cristianos tenemos a veces una valoración pesimista o excesivamente negativa del mundo actual. Parece que anunciamos antes la ausencia de Dios o el abandono en que nos tendría, que las señales de su Reino que ya a comenzado a desarrollarse desde el interior de nosotros mismos. Por ejemplo: muchos padres y madres sufren porque ven que sus hijos no viven la religión de la misma manera que ellos o que están apartados de la fe; les parece que están ya irremisiblemente perdidos y que en ellos no queda nada del trigo bueno de Dios que sembraron en ellos en su infancia... De modo semejante, otros creen que este mundo está perdido, que nunca pasaron las cosas que ahora, y se expresan juicios condenatorios sobre personas concretas. A todos ellos deberíamos decirles que el juicio pertenece a Dios, que cada persona es única para él, que conoce la parte buena y mala de cada uno. Los jueces de este mundo son los que deben juzgar las acciones y tampoco a las personas. Con razón dijo aquella gran mujer, Concepción Arenal, su célebre sentencia: "Odia al delito y compadece al delincuente".

Las señales del Reino

Cada uno de nosotros no tiene la solución para los problemas del mundo, y a veces nos encontramos con que no nos atrevemos a pedir a Dios una cosa concreta porque no estamos seguros de lo que sería lo mejor, por eso hemos de dejar el espacio que merece la iniciativa de Dios y abandonarnos al impulso del Espíritu, repitiendo las grandes oraciones como el Padre nuestro y las plegarias litúrgicas; así nos lo recuerda hoy san Pablo: El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios (Rom 8, 26-27; Segunda lectura).

Son muchas las señales de que Jesús sigue actuando en este mundo; por ejemplo, una curación física o espiritual, una conversión, una señal de esperanza, una obra que ayuda a salir de situaciones desesperadas... todo ello son signos del Reino, que continúa creciendo como la levadura que vitaliza y unifica la gran masa del mundo, como la humilde semilla de mostaza, que se convirtió en un gran arbusto en el que pueden acogerse toda clase de pajarillos; como una gran casa en la que pueden convivir gentes de todo pueblo, cultura y condición.

Jaime Sancho Andreu


LA PALABRA DE DIOS EN ESTE DOMINGO

Primera lectura y Evangelio. Sabiduría 12, 13.16-19 y Mateo 13, 24-43: La parábola de la cizaña explica otro de los "secretos" del reino de los cielos: cuál es el origen del mal y por qué consiente Dios que en la Iglesia haya una mezcla de buenos y malos; la clave está en la paciencia de Dios, que ya se había revelado en el Antiguo Testamento como moderado, indulgente y dando lugar, tras el pecado, al arrepentimiento.

Segunda lectura. Romanos 8, 26-27: A veces nos vemos superados por la complejidad de los problemas del mundo y de las personas, y las aspiraciones a la libertad perfecta pueden quedar ineficaces a causa de la natural debilidad del hombre, pero el Espíritu conforta a los cristianos con su intercesión, que supera toda caída o infidelidad.


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