Hoy es martes 20 de abril de 2021
Menú
Inicio / Liturgia





  Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor
Ciclo B
pixel

  Primera lectura
  Hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

«Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. A este lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. De él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados».

  Salmo responsorial
  Sal 117, 1-2. l6ab-17. 22-23

R. Este es el día que hizo el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R.

La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R.

  Segunda lectura
  Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-4

Hermanos:

Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.

Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.

SECUENCIA

Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza a gloria de la Víctima propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado que a las ovejas salva, a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida, triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso, la tumba abandonada,

los ángeles testigos, sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda; allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate de la miseria humana
y da a tus fieles parte en tu victoria santa.

  Aleluya
 

Cf. 1 Cor 5, 7b-8a
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo.
Así, pues, celebremos la Pascual en el Señor. R.


  Evangelio
 

Él había de resucitar de entre los muertos.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. »

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo
corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.


  Comentarios
 

CONTEMPLAR EL ROSTRO DEL RESUCITADO
(1º Domingo de Pascua - B -, 4 -Abril-2021)

La Semana Santa y, más propiamente, el Triduo Sacro de la bienaventurada pasión, muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo, terminan en las segundas Vísperas del día de pascua, de este primer domingo de la Concuentena Pascual que es el modelo de todos los domingos del año.

Al tercer día, la respuesta de Dios.

La Pascua irrumpe entre la dolorosa actualidad de la guerra y nos confirma la absoluta importancia de la muerte de Jesús en la cruz. Es como una radicalización de la muerte en la muerte de Jesús. Pero justamente en el vacío irreparable, en la mayor desesperación, emerge la intervenciñon soberana de Dios: la salvación eterna. Los tres días se han hecho muy largos para los que caminamos en el Emaús de la historia.

Pero es en esta experiencia trágica donde se anuncia y se cumple la más plena y auténtica salvación. Donde Jesús aparecía más solo y abandonado, Dios no lo ha dejado, sino que lo ha levantado de la muerte. Así el hombre, cuando más profunda es la humillación y mayor es la experiencia de la soledad, no es abandonado por Dios, sino que cumple en él la elevación a la verdadera vida. Lo libera de las ataduras de la muerte para levantarlo hasta allí donde está la verdadera vida: en Dios mismo “a la derecha del Padre”.

Jesucristo vive y actúa en su Iglesia y en el mundo.

Los pueblos del mundo podrán hallar en la Pascua la única esperanza que puede dar plenitud de sentido a la vida. También hoy lo pueden encontrar, porque Jesús está presente, vive y actúa en su Iglesia: Él está en la Iglesia y la Iglesia está en Él (cf. Jn 15, 1ss; Ga 3, 28; Ef 4, 15-16; Hch 9, 5). En ella, por el don del Espíritu Santo, continúa sin cesar su obra salvadora.

Con los ojos de la fe podemos ver la misteriosa acción de Jesús en los diversos signos que nos ha dejado. Está presente, ante todo, en la Sagrada Escritura, que habla de Él en todas sus páginas (cf. Lc 24, 27.44-47). Pero de una manera verdaderamente única está presente en las especies eucarísticas. Esta «presencia se llama “real”, no por exclusión, como si las otras no fueran “reales”, sino por antonomasia, ya que es sustancial, ya que por ella ciertamente se hace presente Cristo, Dios y hombre, entero e íntegro». En efecto, en la Eucaristía «se contiene verdadera, real y sustancialmente, el Cuerpo y la Sangre, juntamente con el alma y la divinidad, de nuestro Señor Jesucristo y, por ende, Cristo entero». «Verdaderamente la Eucaristía es mysterium fidei, misterio que supera nuestro pensamiento y puede ser acogido sólo en la fe ». También es real la presencia de Jesús en las otras acciones litúrgicas que, en su nombre, celebra la Iglesia. Así ocurre en los Sacramentos, acciones de Cristo, que Él realiza a través de los hombres.

Jesús está verdaderamente presente también en el mundo de otros modos, especialmente en sus discípulos que, fieles al doble mandamiento de la caridad, adoran a Dios en espíritu y en verdad (cf. Jn 4, 24), y testimonian con la vida el amor fraterno que los distingue como seguidores del Señor (cf. Mt 25, 31-46; Jn 13, 35; 15, 1-17).


Contemplemos el rostro del resucitado.

En este año 2021, con la perspectiva renovadora del Sínodo Diocesano y ante las preguntes que nos hacemos acerca de cómo vamos a reprogramar las actividades pastorales tres la pandèmia que padecemos, es oportuno que volvamos a leer en este día las hermosas palabras del papa San Juan Pablo II en su Carta Apostólica Tertio Millennio Ineunte (Al comenzar el tercer milenio), en la que nos pide que iniciemos todas nuestras programaciones y actividades contemplando el rostro de Cristo. Rostro paciente y doloroso que contemplamos en la Semana Sante y rostro glorioso y resplandeciente en la Pascua.

“Como en el Viernes y en el Sábado Santo, la Iglesia permanece en la contemplación de este rostro ensangrentado, en el cual se esconde la vida de Dios y se ofrece la salvación del mundo. Pero esta contemplación del rostro de Cristo no puede reducirse a su imagen de crucificado. ¡Él es el Resucitado! Si no fuese así, vana sería nuestra predicación y vana nuestra fe (cf. 1 Co 15,14). La resurrección fue la respuesta del Padre a la obediencia de Cristo, como recuerda la Carta a los Hebreos: « El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente, y aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen » (5,7-9).

La Iglesia mira ahora a Cristo resucitado. Lo hace siguiendo los pasos de Pedro, que lloró por haberle renegado y retomó su camino confesando, con comprensible temor, su amor a Cristo: « Tú sabes que te quiero » (Jn 21,15.17). Lo hace unida a Pablo, que lo encontró en el camino de Damasco y quedó impactado por él: « Para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia » (Flp 1,21).

Después de dos mil años de estos acontecimientos, la Iglesia los vive como si hubieran sucedido hoy. En el rostro de Cristo ella, su Esposa, contempla su tesoro y su alegría. « Dulcis Iesu memoria, dans vera cordis gaudia »: ¡cuán dulce es el recuerdo de Jesús, fuente de verdadera alegría del corazón! La Iglesia, animada por esta experiencia, retoma hoy su camino para anunciar a Cristo al mundo, al inicio del tercer milenio: Él « es el mismo ayer, hoy y siempre » (Hb 13,8).” (Tertio Millennio Ineunte n. 28).

Esta es la Pascua anual que da origen a la Pascua semanal, a ese domingo que debemos valorar cada vez más como uno de los pilares fundamentales de la vida cristiana.

Jaime Sancho Andreu


LA PALABRA DE DIOS HOY

Primera lectura.Hechos de los Apóstoles 10, 34ª37-43: Comenzamos la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles, que nos recuerda los orígenes de la Iglesia, en la sexta de las edades del mundo. En este día de Pascua escuchamos el mensaje fundamental de los apóstoles, como testigos de la resurrección de Jesucristo.

Salmo responsorial 117: Durante la cincuentena pascual cantaremos varias veces este salmo 117 que proclama la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto y anuncia proféticamente la resurrección de Jesucristo en este día de Pascua en que actuó el Señor.

Segunda lectura. Colosenses 3, 1-4: El apóstol nos anuncia que el misterio pascual debe realizarse también en nosotros, que hemos comenzado a vivir la vida de Cristo desde nuestro bautismo.

O bien:

1 Coríntios 5, 6b-8: El sacrificio pascual de Jesucristo es el principio de nuestra salvación, por eso el apóstol nos anima a vivir una vida nueva, diferente a la que sigue los valores del mundo.

Evangelio de Juan 20, 1-9: El sepulcro vacío, contemplado con la luz de la fe, fue el primer signo que hizo ver a los apóstoles la resurrección de Jesucristo. Así comprendieron que tenía que resucitar de entre los muertos, como el Señor había anunciado.

O bien, el evangelio de la Vigilia Pascual:

Evangelio de Marcos 16, 1-7: En la madrugada del primer día de la semana, el anuncio de los ángeles a las mujeres que iban a ungir el cuerpo de Jesús y la visión del sepulcro vacío, fueron los primeros signos de la resurreción del Señor.

O bien, en la misa vespertina:

Evangelio de Lucas 24, 13-35: En la tarde del primer día de la semana, Jesús se apareció a dos discípulos, camino de Emaús, y les hizo ver como las antiguas Escrituras profetizaban su resurrección, antes de que lo reconocieran al partir el pan.


« volver
Buscador de Noticias:      Búsqueda avanzada
Enlaces destacados
Arzobispado de Valencia
C/ Palau
Teléfono: +34 96 382 97 00
archivalencia@archivalencia.org
46003 Valencia
Fax: +34 96 391 81 20
www.archivalencia.org
©Archivalencia.org