Hoy es domingo 31 de mayo de 2020
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  Domingo IV de Pascua
Ciclo A
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  Primera lectura
  Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 14a. 36-41


El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y declaró:
«Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías».
Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:
«¿Qué tenemos que hacer, hermanos?»
Pedro les contestó:
«Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro».
Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo:
«Salvaos de esta generación perversa».
Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.

  Salmo responsorial
  Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta


El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mi,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.

  Segunda lectura
  Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 20-25

Queridos hermanos:
Que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien,
eso es una gracia de parte de Dios.
Pues para esto habéis sido llamados,
porque también Cristo padeció por vosotros,
dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas.
Él no cometió pecado
ni encontraron engaño en su boca.
Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban;
sufriendo no profería amenazas;
sino que se entregaba al que juzga rectamente.
Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño,
para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia.
Con sus heridas fuisteis curados.
Pues andabais errantes como ovejas,
pero ahora os habéis convertido
al pastor y guardián de vuestras almas.

  Aleluya
 


  Evangelio
 

Lectura del santo evangelio según san Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».


  Comentarios
 

NUESTRO PASTOR JESUCRISTO
(4º Domingo de Pascua -A-, 3 - Mayo - 2020)

El domingo del Buen Pastor

A lo largo de los tres ciclos de lecturas dominicales, se lee en este domingo 4º de Pascua el discurso de Jesús en el que se presenta como el Pastor que lleva a los redimidos hacia la salvación.

En la primera parte del discurso (año A), Jesús resucitado se proclama como el único pastor de sus ovejas; por eso “él las conoce y ellas conocen su voz, le siguen cuando las llama por su nombre” (Jn 10, 4) (en el aprisco hay otras muchas ovejas que todavía no son de Cristo) y las lleva a pastar a las verdes praderas. Él es el pastor legítimo que entra en el aprisco por la puerta que - en otra imagen - es él mismo, y no como “los ladrones y bandidos (los falsos maestros) que entran por otra parte para robar y matar” (Jn 10, 8 y 10). Sus ovejas se caracterizan por tener un oído especial, una especie de instinto (el “sensus fidei” o sentido de la fe) para distinguir al verdadero pastor – “a un extraño no le seguirán, porque no conocen la voz de los extraños” (Jn 10, 5) -, y adquieren este sentido especial de la fe verdadera mediante el sonido único e inconfundible de la palabra de Dios que oyen en Jesús.

Esta palabra tiene un sonido completamente distinto al de todas las visiones del mundo, religiones e ideologías puramente humanas, y Jesús sabe que su pretensión no es comparable ni homologable con ninguna otra: “Yo soy el camino... Nadie se acerca al Padre sino por mí” (Jn 14, 6); por eso todos los otros caminos y puertas conducen al error y al extravío. El que reivindica para sí toda la verdad tiene que mostrar una divina intolerancia para con todos los caminos inventados por los hombres, pues ninguno de ellos conduce a los únicos pastos eternos que son capaces de saciar. Ninguno de ellos lleva a la casa del Padre.

El camino de Jesús.

Jesús no es un filósofo entre otros en busca de la sabiduría. Ciertamente el absoluto de Jesús, su yo soy, ha indignado hasta nuestros días a los "ilustrados", que oponen a esta presunción la teoría - hecha verdad absoluta y pedagogía - de que existen muchos caminos y por tanto también múltiples verdades entre las que se puede elegir libremente. Pero la verdad de Dios es indivisible, y lo es precisamente cuando se muestra como el amor absoluto: “el Buen Pastor dará su vida por las ovejas” (Jn 10, 15); no existe ningún maestro ni verdad que sea superior, ni siquiera comparable, con Jesús. Cuando decimos que debemos respetar las opiniones de los demás, hemos de entender que toda opinión tiene derecho a ser expresada, pero no por ello se coloca sin más junto a las demás y hemos de aceptarla. La tolerancia y la libertad son compatibles con la convicción y la fe.

El Pastor nos dejó un ejemplo para que sigamos sus huellas
Las heridas de Jesús, que soportó con dulzura todas las injurias y sufrimientos, cargando con nuestros pecados en el leño de la cruz sin rebelarse contra el dolor que sufre la humanidad, sino poniéndose obedientemente - el Siervo de Yahwéh - en manos del Padre “que juzga justamente” (1 Pedro 2, ) nos han curado y nos han conferido ese instinto que nos permite seguir su ejemplo como auténtica llamada de Dios: nosotros, que andábamos “como ovejas descarriadas hemos vuelto al pastor y guardián (en el griego de la Biblia, Epískopos, Obispo) de nuestras almas” (1 Pe 2, 25).

Jesús nos da la posibilidad y la ayuda necesaria para seguirle, pero, además, nos ha dejado su ejemplo para que sigamos sus huellas. Llegaremos al hogar eterno de nuestro Pastor si ponemos los pies en sus huellas, imitando su ejemplo como verdaderos siervos de Dios, no rehuyendo la cruz sino abrazándola en su seguimiento. Con el salmo responsorial 22 oramos: “El Señor es mi pastor, nada me falta”.

La predicación de Pedro y los Apóstoles.

En la llamada de Jesús hay una certeza que es inconfundible. Por eso Pedro puede invitar a Israel a reconocer al que habían crucificado como el Mesías verdadero. También en nuestros tiempos se sigue proclamando el pregón de la resurrección (el “kerigma”); y sus palabras, animadas con la fuerza y la luz del Espíritu, “traspasan el corazón” (Hechos 2, 37; Primera lectura). Traspasan el corazón de los oyentes porque éstos se sienten aludidos e interpelados por la prometedora voz de Dios.

Del mismo modo que la voz del Buen Pastor llama a los suyos y los saca fuera de la multitud indiscriminada, así también ahora los sucesores de los apóstoles, los Obispos, y entre ellos con un carisma y una misión especial el sucesor de Pedro, el Papa, y los demás continuadores de la misión de los apóstoles, nos exhortan a “escapar de esta generación perversa” (2, 40), y gracias a Dios su llamada sigue teniendo éxito como en los primeros tiempos, cuando “aquel día se bautizaron unos tres mil” (2, 41). El pasado domingo, Pedro recordaba el salmo 15: “me enseñarás el camino de la vida”; ahora, además, tenemos un pastor en quien confiar cuando recorremos este sendero de salvación.

Hoy, que se celebra el “Día de oración por las vocaciones”, pidamos que el Señor conceda a nuestra Iglesia los pastores que tanto necesita.

Jaime Sancho Andreu


LA PALABRA DE DIOS HOY

Primera lectura. Hechos de los Apóstoles 2, 14a.37-41: La conclusión del primer sermón misionero de san Pedro en Jerusalén muestra el efecto de la palabra de Dios que es el Evangelio de la resurrección de Cristo. Comienza la reunión del nuevo pueblo de Dios, nacido en el bautismo.

Segunda lectura. 1 Pedro 2, 20b-25: La lectura de san Pedro es el mejor comentario al Evangelio del Buen Pastor. Cristo resucitado nos ha marcado un camino para que sigamos sus huellas y lleguemos con él al cielo.

Evangelio de Juan 10, 1-10: El Señor comienza su discurso en el que se presenta a sí mismo con el único pastor y la puerta para entrar en el reino de Dios. Los cristianos no podemos menos que seguir la tarea de los apóstoles y anunciar a todos los hombres la vida, la verdad y el camino que es Cristo resucitado.


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