Hoy es martes 22 de mayo de 2018
Menú
Inicio / Liturgia





  Domingo VI de Pascua
Ciclo B
pixel

  Primera lectura
  El don del Espíritu Santo se ha derramado también sobre los gentiles
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 25-26. 34-35. 44-48

Cuando iba a entrar Pedro, Cornelio le salió al encuentro y, postrándose, le quiso rendir homenaje. Pero Pedro lo levantó, diciéndole: «Levántate, que soy un hombre como tú».

Pedro tomó la palabra y dijo: «Ahora comprendo con toda la verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea».

Todavía estaba hablando Pedro, cuando bajó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban la palabra, y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se derramara también sobre los gentiles, porque los oían hablar en lenguas extrañas y proclamar la grandeza de Dios.

Entonces Pedro añadió: «¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?» Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo.

Entonces le rogaron que se quedara unos días con ellos.

  Salmo responsorial
  Sal 97, 1. 2-3ab. 3cd-4
R. El Señor revela a las naciones su salvación.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia
y su fidelidad en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra
han contemplado la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

  Segunda lectura
  Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4, 7-10

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él.
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.

  Aleluya
 

Cf. Jn 14, 23
Aleluya, aleluya, aleluya.
El que me ama guardará mi palabra - dice el Señor -,
y mi Pare lo amará, y vendremos a él. R.


  Evangelio
 

Evangelio: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos
Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 9-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé.

Esto os mando: que os améis unos a otros».


  Comentarios
 

EL TIEMPO DEL ESPÍRITU
(6º Domingo de Pascua -B-, 6 de mayo de 2018)

La Iglesia, animada por el Espíritu Santo

En todo el tiempo de Pascua, la lectura de los Hechos de los apóstoles recuerda continuamente que el nacimiento y desarrollo de la primitiva Iglesia fue obra del Espíritu Santo, que Jesús resucitado y ascendido al cielo envió a sus discípulos para que perpetuasen su obra de salvación. De este modo, el episodio de la conversión de un importante soldado romano - que se lee este domingo - muestra como el Espíritu Santo impulsaba la obra misionera de la Iglesia naciente, inspirando a Pedro para que incorporase los primeros gentiles a la comunidad cristiana por medio del Bautismo.

Más aún, Dios se adelantó a la indecisión de Pedro, que dudaba en abrir de este modo las puertas de la Iglesia, y así cayeron las fronteras del antiguo Israel y comenzó la andadura del nuevo pueblo de Dios, de toda raza, pueblo y lengua. Esto es un motivo de acción de gracias para nosotros, que venimos de la Iglesia de los gentiles. Fue el Señor quien quiso abrirnos esta puerta, con su redención universal; por eso damos un nuevo sentido a los cánticos del Antiguo Testamento y proclamamos con el Salmo responsorial 97: El Señor revela a las naciones su justicia; los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Porque ya no se trata de una justicia de castigo, ni de una victoria guerrera de Israel, sino de la justicia que Dios otorga gratuitamente a todos los creyentes, haciéndolos “justos” para Él; y también de la victoria que Cristo logró para nosotros sobre el pecado y la muerte.

La despedida de Jesús y su mandamiento nuevo.

Después de haber escuchado el domingo pasado la alegoría de la vid que es Cristo y su aplicación personal: Sin mí no podéis hacer nada (Jn 15, 5), seguimos leyendo en el Evangelio de Juan el discurso de despedida de Jesús en la última Cena, y llegamos a lo que podríamos llamar su “testamento espiritual”. Ahora recibimos estas palabras en un contexto diferente, como despedida antes de la fiesta de la Ascensión, pero es el mismo Jesús, presidiendo la mesa de su Cena mística, el que nos entrega el núcleo esencial de su mensaje: Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando: que os améis unos a otros como yo os he amado (Jn 15, 14 y 12).

No se trata de un mandamiento abstracto o genérico, como “sed buenos unos con otros”, sino que Jesús se pone como modelo concreto de la nueva manera de amar, propia de Dios, que el Hijo de Dios llevó a la perfección en el mundo: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos (Jn 15, 13). El amor humano, aunque sea muchas veces generoso, se basa en motivaciones humanas y es siempre voluble y efímero; sin embargo el amor de Cristo es fuerte como la muerte, es decisivo, como la creación del mundo, y es comprometedor como se entrega a la voluntad del Padre. El mismo grupo de amigos de Jesús no es fruto de la atracción que sintieron por Él, fue Jesús quien los eligió gratuitamente y los hizo amigos suyos, dándoles su Espíritu, como a nosotros, con un amor regenerador.

El amor que viene de Dios

Del mismo modo que el Espíritu Santo anima a la Iglesia de Cristo, así también desarrolla la obra (creadora, redentora, santificadora) de Dios en lo íntimo de cada cristiano. El espíritu nos hizo nacer de Dios y nos ayuda a mantenernos en Cristo, actuando según su palabra.

Precisamente el mandamiento del amor es el fundamento del testamento de Jesús, que el apóstol Juan conservó y proclamo repetidamente en esta primera carta que estamos leyendo este año en la cincuentena pascual. Hoy llegamos al párrafo central y más conocido: Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor (1 Jn 4, 7-8; Segunda lectura).

Aquí no se trata de cualquier clase de amor, sino de un don de Dios, gracia del Espíritu Santo, que nos puede llevar a amar a la manera de Dios: dando antes que pidiendo, creando antes que atesorando, entregándose por los demás antes que deseándolos para uno mismo o utilizándolos.
El Matrimonio, el Orden sacerdotal, la consagración religiosa, la vida laical apostólica como concreciones del Bautismo y, sobre todo, la Eucaristía, son sacramentos del amor de Dios, carisma en los fieles que lo reciben y signo de esta divina caridad en el mundo.

Así amó Jesús, imitando el amor creador y generoso de su Padre celeste. Si amamos así, es que permanecemos en la gracia del Bautismo y podemos sentir que vivimos como nacidos de Dios, del agua y del Espíritu Santo (Cf. Jn 3, 5).

Jaime Sancho Andreu.


LA PALABRA DE DIOS EN ESTE DOMINGO

Primera lectura. Hechos de los apóstoles 10, 25-26.34-35-44-48: El episodio de la conversión de un importante soldado romano muestra como el Espíritu Santo impulsaba la obra misionera de la Iglesia naciente, inspirando a Pedro para que incorporase los primeros gentiles a la comunidad cristiana por medio del Bautismo.

Segunda lectura. 1 Juan 4, 7-10: El mandamiento del amor es la esencia del testamento de Jesús, que el apóstol Juan conservó y proclamo repetidamente en esta primera carta que estamos leyendo este año en la cincuentena pascual.

Evangelio de Juan 15, 9-17: En el discurso de despedida, Jesús se propone a sí mismo como ejemplo del amor que debe distinguir a los cristianos. Nadie tuvo amor mayor que Él, que dio su vida por sus amigos.


« volver
Buscador de Noticias:      Búsqueda avanzada
Enlaces destacados
Arzobispado de Valencia
C/ Palau
Teléfono: +34 96 382 97 00
archivalencia@archivalencia.org
46003 Valencia
Fax: +34 96 391 81 20
www.archivalencia.org
©Archivalencia.org