Hoy es domingo 30 de abril de 2017
Menú
Inicio / Liturgia





  Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor
Ciclo A
pixel

  Primera lectura
  Hemos comido y bebido con él después de su resurrección
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
- «Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección.
Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio e que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.»

Palabra de Dios

  Salmo responsorial
  Sal 117, 1-2. l6ab-17. 22-23

R. Este es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. R.

La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir,
viviré para contar las hazañas del Señor. R.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R.

  Segunda lectura
  Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-4

Hermanos:
Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.

Palabra de Dios

  Aleluya
 

SECUENCIA
(Es obligatorio decirla hoy; los días dentro de la Octava es potestativo)

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.
Cordero sin pecado
que a las ovejas salva, a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.
Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.
«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»
Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.
Rey vencedor,
apiádate de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.

Aleluya 1 Co 5, 7b-8a
Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo.
Así, pues, celebremos la Pascua en el Señor.


  Evangelio
 

Él había de resucitar de entre los muertos
Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo:
- "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto."
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor


  Comentarios
 

DOMINGO DE PASCUA EN LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
(1º Domingo de Pascua-C-, 16-Abril-2017)

La Semana Santa y, más propiamente, el Triduo Sacro de la bienaventurada pasión, muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo, terminan en las segundas Vísperas del día de pascua, de este primer domingo de la Cincuentena Pascual que es el modelo de todos los domingos del año.

Al tercer día, la respuesta de Dios.

La Pascua irrumpe entre la dolorosa actualidad del mundo y nos confirma la absoluta importancia de la muerte de Jesús en la cruz. Es como una radicalización de la muerte en la muerte de Jesús. Pero justamente en el vacío irreparable, en la mayor desesperación, emerge la intervención soberana de Dios: la salvación eterna. Los tres días se han hecho muy largos para los que caminamos en el Emaús de la historia.

Pero es en esta experiencia trágica donde se anuncia y se cumple la más plena y auténtica salvación. Donde Jesús aparecía más solo y abandonado, Dios no lo ha dejado, sino que lo ha levantado de la muerte. Así el hombre, cuando más profunda es la humillación y mayor es la experiencia de la soledad, no es abandonado por Dios, sino que cumple en él la elevación a la verdadera vida. Lo libera de las ataduras de la muerte para levantarlo hasta allí donde está la verdadera vida: en Dios mismo “a la derecha del Padre”.

Jesucristo vive y actúa en su Iglesia y en el mundo.

Los pueblos del mundo podrán hallar en la Pascua la única esperanza que puede dar plenitud de sentido a la vida. También hoy lo pueden encontrar, porque Jesús está presente, vive y actúa en su Iglesia: Él está en la Iglesia y la Iglesia está en Él (cf. Jn 15, 1ss; Ga 3, 28; Ef 4, 15-16; Hch 9, 5). En ella, por el don del Espíritu Santo, continúa sin cesar su obra salvadora.
Con los ojos de la fe podemos ver la misteriosa acción de Jesús en los diversos signos que nos ha dejado. Está presente, ante todo, en la Sagrada Escritura, que habla de Él en todas sus páginas (cf. Lc 24, 27.44-47). Pero de una manera verdaderamente única está presente en las especies eucarísticas. Esta «presencia se llama “real”, no por exclusión, como si las otras no fueran “reales”, sino por antonomasia, ya que es sustancial, ya que por ella ciertamente se hace presente Cristo, Dios y hombre, entero e íntegro». En efecto, en la Eucaristía «se contiene verdadera, real y sustancialmente, el Cuerpo y la Sangre, juntamente con el alma y la divinidad, de nuestro Señor Jesucristo y, por ende, Cristo entero». «Verdaderamente la Eucaristía es mysterium fidei, misterio que supera nuestro pensamiento y puede ser acogido sólo en la fe ». También es real la presencia de Jesús en las otras acciones litúrgicas que, en su nombre, celebra la Iglesia. Así ocurre en los Sacramentos, acciones de Cristo, que Él realiza a través de los hombres.

Jesús está verdaderamente presente también en el mundo de otros modos, especialmente en sus discípulos que, fieles al doble mandamiento de la caridad, adoran a Dios en espíritu y en verdad (cf. Jn 4, 24), y testimonian con la vida el amor fraterno que los distingue como seguidores del Señor (cf. Mt 25, 31-46; Jn 13, 35; 15, 1-17).

Esta es la Pascua anual que da origen a la Pascua semanal, a ese domingo que debemos valorar cada vez más como uno de los pilares fundamentales de la vida cristiana.

La Eucaristía en el día de Pascua.

La lectura de san Pablo nos sitúa en el centro del Misterio Pascual y nos revela lo que significa este misterio para cada uno de nosotros: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo… Porque habéis muerto y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios (Col 3, 1 y 4).

Así pues, en nuestra iniciación cristiana, cada cristiano ha sido incorporado, injertado en Cristo, de modo que su muerte y resurrección no son sólo un hecho del pasado o una obra maravillosa de Dios, sino también un misterio de salvación que celebramos todos a partir del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, y que renovamos constantemente, ya sea cuando lavamos nuestra conciencia en la Confesión como cuando participamos en la Comunión. En todos estos momentos la efusión del Espíritu Santo nos aplica las gracias y la vivencia del Misterio Pascual.

El Misterio Pascual en nuestra vida.

Todo ello tiene una consecuencia moral para nuestras vidas, insinuada en la lectura mencionada y más expresa en la otra lectura opcional para este día: Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así, pues, celebremos la Pascua, no con levadura vieja (de corrupción y de maldad), sino con los panes ácimos de la sinceridad y la verdad (1 Co 5, 7-8).

Buscar los bienes del cielo, purificar nuestra conducta, es decir, organizar nuestra personalidad y nuestra vida según el modelo de Jesucristo. Es lo que intentamos con la penitencia cuaresmal y que ahora se nos ofrece como una gracia de la Pascua del Señor si estamos preparados para recibirla.


Jaime Sancho Andreu


LA PALABRA DE DIOS HOY

Primera lectura. Hechos de los Apóstoles 10, 34ª37-43: Comenzamos la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles, que nos recuerda los orígenes de la Iglesia, en la sexta de las edades del mundo. En este día de Pascua escuchamos el mensaje fundamental de los apóstoles, como testigos de la resurrección de Jesucristo.

Salmo responsorial 117: Durante la cincuentena pascual cantaremos varias veces este salmo 117 que proclama la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto y anuncia proféticamente la resurrección de Jesucristo en este día de Pascua en que actuó el Señor.

Segunda lectura. Colosenses 3, 1-4: El apóstol nos anuncia que el misterio pascual debe realizarse también en nosotros, que hemos comenzado a vivir la vida de Cristo desde nuestro bautismo.

Evangelio de Juan 20, 1-9: El sepulcro vacío, contemplado con la luz de la fe, fue el primer signo que hizo ver a los apóstoles la resurrección de Jesucristo. Así comprendieron que tenía que resucitar de entre los muertos, como el Señor había anunciado.

O bien, en la misa vespertina:

Evangelio de Lucas 24, 13-35: En la tarde del primer día de la semana, Jesús se apareció a dos discípulos, camino de Emaús, y les hizo ver como las antiguas Escrituras profetizaban su resurrección, antes de que lo reconocieran al partir el pan.


« volver
Buscador de Noticias:      Búsqueda avanzada
  PAPA FRANCISCO
Síntesis y texto íntegro en PDF
  HÉROES DE NUESTRA FE
Conoce su vida a través de archivos sonoros
Enlaces destacados
Arzobispado de Valencia
C/ Palau
Teléfono: +34 96 382 97 00
archivalencia@archivalencia.org
46003 Valencia
Fax: +34 96 391 81 20
www.archivalencia.org
©Archivalencia.org