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  Domingo VI de Cuaresma
Ciclo C
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  Primera lectura
  No escondí el rostro ante ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado
Lectura del libro de Isaías 50, 4-7

El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento.

Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos.

El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me
golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes ni salivazos.
El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal,
sabiendo que no quedaría defraudado.

  Salmo responsorial
  Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre si tanto lo quiere». R.

Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores; me taladran las manos
y los pies, puedo contar mis huesos. R.

Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.

Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.
«Los que teméis al Señor, alabadlo; linaje de Jacob, glorificadlo; temedlo, linaje de Israel». R.

  Segunda lectura
  Se humilló a sí mismo, por eso Dios lo exaltó sobre todo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11

Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario,
se despojó de si mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.
Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta
la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al
nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

  Aleluya
 

Versículo DF. Flp 2, 8-9

V: Cristo se ha hecho por nosotros obediente
hasta la muerte, y una muerte de cruz.
Por so Dios lo exaltó sobre todo
y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre


  Evangelio
 

Pasión de nuestro Señor Jesucristo
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 23, 1-49

En aquel tiempo, los ancianos del pueblo, con los jefes de los sacerdotes y los escribas llevaron
a Jesús a presencia de Pilato.
No encuentro ninguna culpa en este hombre
C. Y se pusieron a acusarlo diciendo
S. «Hemos encontrado que este anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen
tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey».
C. Pilatos le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. Él le responde:
+ «Tú lo dices».
C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:
S. «No encuentro ninguna culpa en este hombre».
C. Toda la muchedumbre que había concurrido a este espectáculo, al ver las cosas que habían
ocurrido, se volvía dándose golpes de pecho.
Todos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea se mantenían a distancia,
viendo todo esto.
C. Pero ellos insistían con más fuerza, diciendo:
S. «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde que comenzó en Galilea hasta llegar
aquí».
C. Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo; y, al enterarse de que era de la jurisdicción
de Herodes, que estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días, se lo remitió.
Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio
C. Herodes, al vera a Jesús, se puso muy contento, pues hacía bastante tiempo que deseaba verlo,
porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hacía muchas preguntas con
abundante verborrea; pero él no le contestó nada.
Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco.
Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio y, después de burlarse de él, poniéndole una
vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos entre sí Herodes y Pilato,
porque antes estaban enemistados entre si.
Pilato entregó a Jesús a su voluntad
C. Pilato, después de convocar a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo,
les dijo:
S. «Me habéis traído a este hombre como agitador del pueblo; y resulta que yo lo he interrogado
delante de vosotros y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas de que lo acusáis;
pero tampoco Herodes, porque nos lo ha devuelto: ya veis que no ha hecho nada digno de muerte.
Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».
C. Ellos vociferaron en masa:
S. «¡Quita de en medio a ese! Suéltanos a Barrabás».
C. Este había sido metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.
Pilato volvió a dirigirles la palabra queriendo soltar a Jesús, pero ellos seguían gritando:
S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!».
C. Por tercera vez les dijo:
S. «Pues ¿qué mal ha hecho este? No he encontrado en él ninguna culpa que merezca la muerte.
Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».
C. Pero ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo su griterío.
Pilato entonces sentenció que se realizara lo que pedían: soltó al que le reclamaban (al que había
metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su voluntad.
Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí
C. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y
le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.
Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos
por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:
+ «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que
vienen días en los que dirán: “Bienaventuradas las estériles y los vientres que no han dado a luz y
los pechos que no han criado”. Entonces empezarán a decirles a los montes: “Caed sobre nosotros”, y a las colinas: “Cubridnos”; porque, si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?».
C. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen
C. Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores,
uno a la derecha y otro a la izquierda.
Jesús decía:
+ «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».
C. Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a suerte.
Este es el rey de los judíos
C. El pueblo estaba mirando, pero los magistrados le hacían muecas diciendo:
S. «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».
C. Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían
vinagre, diciendo:
S. «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».
C. Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos».
Hoy estarás conmigo en el paraíso
C. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:
S. «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».
C. Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:
S. «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos
justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada».
C. Y decía:
S. «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».
C. Jesús le dijo:
+ «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu
C. Era ya como la hora sexta, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora nona, porque
se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:
+ «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».
C. Y, dicho esto, expiró.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa
C. El centurión, al ver lo ocurrido, daba gloria a Dios diciendo:
S. «Realmente, este hombre era justo».


  Comentarios
 

LA PASIÓN DEL HIJO EN EL ESPÍRITU
(Domingo de Ramos - C -, 14 – Abril – 2019)

El pórtico de la Semana Santa.

Para los que no asisten a la liturgia del Viernes Santo, hoy es el encuentro con Cristo paciente, en contraste con su manifestación gloriosa en el próximo domingo, día de Pascua. La procesión inicial imita la que se hacía en Jerusalén desde el siglo V. En todas las misas se debe resaltar hoy el rito de entrada, al menos con una monición y un canto apropiado, pero cuando se hace con los ramos y palmas se proclama el relato de la entrada triunfal de Jesús, este año -C- según san Lucas.

En la Misa, las primeras lecturas se leen todos los años: El tercer cántico del Siervo de Yawéh, el salmo 21 que, leído en su integridad, no es un grito desesperado sino una súplica llena de esperanza, y el gran himno de Filipenses en el que se ensalza la humildad de Cristo y la autenticidad de su encarnación cuando se rebajó hasta la muerte; también se proclama su exaltación a la gloria como respuesta del Padre a su obediencia. Toca así mismo leer este año la Pasión según san Lucas, en la que se resalta el comportamiento misericordioso de Jesús y la obra del Espíritu Santo que se cumple en él. La celebración del sacrificio eucarístico manifiesta la unidad del Misterio Pascual de Jesucristo, muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación.

El sacrificio del Siervo de Dios

Las dos primeras lecturas constituyen el marco de la Pasión del Señor; Jesús no retrocede, se somete a todos los ultrajes de los hombres. Es precisamente esto, su entrega y abnegación hasta la muerte en cruz en medio de la historia, lo que hace de él el Señor de la historia - porque la pasión no es un "mito" intemporal, sino que ocurrió realmente "bajo el poder de Poncio Pilato" -, es la muestra de lo que ocurre desde principio a fin de la tragedia de la humanidad: Dios es golpeado, cubierto de insultos y salivazos, mientras él, por nosotros y para tomar sobre sí nuestros pecados, se rebaja hasta el extremo, hasta someterse incluso a la muerte.

Todo el relato de la pasión según san Lucas se desarrolla a la luz de las dos grandes líneas directoras de esta Evangelio, que son la acción del Espíritu Santo y la manifestación de la misericordia de Dios. De este modo, en el momento culminante, Jesús llegará a la muerte diciendo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lc 23, 46), lo cual es una cita del salmo 30 pero, en este contexto, se trata del mismo Espíritu Santo que genero la humanidad de Jesús en el seno de la Virgen María, el mismo Espíritu que le mantuvo siempre unido al Padre y que le guió durante su vida, el mismo Espíritu que llenó el pan y el vino en la última Cena, en el que se ofreció en la cruz y el que lo resucitará de entre los muertos. Es el Espíritu que enviará desde el Padre sobre los discípulos para consagrarlos en Iglesia.

Es el Espíritu de amor que une a la santa Trinidad y que se manifiesta en la actitud misericordiosa de Jesús, el cual se compadece de las mujeres que se lamentan por él (Lc 23, 27-31) y lo mismo del crucificado que lo invoca como Mesías. Es el Espíritu que ahora nos mueve a los cristianos para que comulguemos en Jesús y podamos imitar su caridad.

En la muerte de Cristo se cumple con toda su real crudeza lo anunciado sacramentalmente en la última cena: “Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros” (Lc 22, 20). El misterio pascual, renovado perennemente en la Eucaristía y celebrado de modo especial en la Semana Santa, abre el camino de la salvación tanto a los descendientes carnales de Abrahán como a los pueblos que son hijos de Dios por la fe.

Jaime Sancho Andreu


LA PALABRA DE DIOS EN ESTE DOMINGO

En la bendición de las palmas:

Evangelio de Lucas 19, 28-40: Corresponde este año leer el relato de san Lucas correspondiente a la entrada de Jesús en Jerusalén. Como es habitual en este evangelio, se destaca la acción del Espíritu Santo que impulsó con su fuerza a Jesús a subir a Jerusalén y que hizo que los discípulos de Jesús lo confesasen como Mesías.

En la Misa de la Pasión del Señor:

Primera lectura. Isaías 50, 4-7: El tercer cántico del Siervo del Señor anuncia la pasión del Mesías, presentándola como una muestra suprema de obediencia a la palabra y la voluntad de Dios, al someterse al poder del pecado del mundo y padecer por ello mansamente. Gran importancia tiene la recitación del Salmo responsorial 21, mencionado por Cristo en la cruz: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?.

Segunda lectura. Filipenses 2, 6-11: San Pablo proclama la unidad del misterio pascual de Jesucristo, humillado hasta la muerte de cruz como el Siervo de Yawéh y glorificado como Hijo de Dios en la resurrección.

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 22, 14 – 23, 56:: Según la intención propia de este evangelista, Jesús se muestra siempre como signo de la misericordia de Dios, como quien es llevado por el Espíritu de amor, tal como se muestra en la acogida que hizo a la invocación de uno de los crucificados con él.


BENDICIÓN DE PALMAS Y RAMOS Y PROCESIÓN

Acompañamos al Señor cuando entra en la Ciudad Santa para ofrecer su sacrificio para la redención del mundo.

Durante los primeros siglos del cristianismo, este domingo estaba dedicado a la entrega del símbolo de la fe a los catecúmenos que debían recibir el bautismo en la Pascua; era la “traditio symboli” que preparaba a la devolución o “redditio symboli” que los bautizandos debían realizar en la mañana del Sábado Santo. El “símbolo” era en la vida corriente un signo de reconocimiento: dos fragmentos de cerámica que debían encajar; de este modo, los candidatos recibían el “credo” que debían aprender de memoria como señal de admisión entre los cristianos.

Antes de que se generalizase la celebración del Viernes Santo, este domingo era también el día en que se leía la pasión de Señor, ordinariamente según san Juan. Domingo de Pasión antes del domingo de la resurrección. Todavía hoy se conserva este carácter de “Domingo de Pasión”; además, la mayor parte de los cristianos que participan en la misa del domingo no asisten a la celebración del Viernes Santo, que no es de precepto.

Pero en el siglo IV comenzaron a llegar a Tierra Santa un gran número de peregrinos que deseaban recordarlos hechos de Jesús en los mismos lugares en que habían ocurrido. Muy pronto comenzaron a repetir la entrada festiva del Señor en Jerusalén, bajando del monte de los Olivos con palmas, ramos y cantos y acompañando al Obispo; así lo relata la peregrina Egeria, que viajó desde el Bierzo en España hasta recorrer todos los santos lugares a finales de dicho siglo IV.

Esta celebración se difundió por todas las iglesias con diferentes formas, y la propia de la liturgia romana es muy fiel a la tradición primitiva de Jerusalén, con la asamblea que se reúne fuera de la iglesia, y marcha hacia ella después de leer el Evangelio de la entrada de Jesús, siguiendo con cantos al Obispo o sacerdote que preside. No es una procesión como las demás, sino una grupo o cuerpo que sigue a su cabeza, precedida por la cruz, el evangeliario y los ministros sagrados. Este acontecimiento de Cristo debe evocarse asimismo en todas las misas de este domingo, al menos con una entrada más solemne del celebrante.

LA ÚLTIMA ESTACIÓN DE LA CUARESMA

Este domingo es la última estación de la Cuaresma como tiempo de formación y de penitencia, por ello se impone hacer un resumen de este ejercicio:

Los cuarenta días previos a la Pascua son un período catequético fundamental. La comunidad bautismal rememora su proceso de fe para acrecentarla. La Cuaresma se entiende, desde su origen, como un tiempo de gracia y reconciliación. Los cristianos somos invitados a una conversión cada vez mayor a Jesucristo. A través de la oración, la penitencia y el ayuno, buscamos una mejor configuración con Cristo, renovando el compromiso bautismal.
La conversión cuaresmal nos urge a retornar constantemente al Camino de la Vida, que es Jesucristo. Este camino nos conduce al Padre. Por la acción del Espíritu Santo, entramos en la comunión del Dios vivo y adquirimos la dignidad de hijos de Dios. La Iglesia no deja de proclamar este misterio de infinita bondad, exaltando la libre elección divina y su deseo de no condenar, sino de admitir de nuevo al hombre a la comunión consigo.

La Misa del Domingo de Pasión.

Sigue la Misa de la Pasión, con la lectura de la misma, este año C según san Lucas, que nunca puede sustituirse por el relato de la entrada festiva.

La pasión según san Lucas es el relato de la ofrenda del Hijo que ofrece a todos la misericordia del Padre. Jesús es aquél labrador de que hablaba la parábola que escuchamos en el pasado domingo tercero de Cuaresma: Él se ofrece a labrar la dura tierra de los hombres, rompiéndola con su cruz y regándola con su propia sangre.


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