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  La Cuaresma
Ciclo A
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LA CUARESMA -A-, EL PROCESO CATECUMENAL

Tal como hicimos el año pasado, exponemos algunas ideas generales sobre la Cuaresma, deteniéndonos luego en las particularidades del ciclo de lecturas de este año 2017.

1.- Historia de la Cuaresma.

La Cuaresma es el resultado de un largo proceso de sedimentación de tres itinerarios litúrgico-sacramentales: la preparación inmediata de los catecúmenos a los sacramentos de Iniciación, la penitencia pública y la participación de la comunidad cristiana en los dos anteriores como preparación para la Pascua; es decir, se parte de dos procesos que afectaban a un grupo de personas: los catecúmenos y los penitentes respectivamente, pero en ellos se siente comprometida la comunidad cristiana entera, pues son vitales para ella.

En la Iglesia antigua, tanto la iniciación de los nuevos hijos como la recuperación de los descarriados tenía lugar en la gran fiesta pascual. Los primeros datos acerca de una preparación de la Pascua son el ayuno de dos o tres días en los siglos II y III. En Roma el ayuno se extendía durante tres semanas ya en el siglo IV, pero numerosos testimonios hacen pensar en la existencia de la cuarentena penitencial como un hecho general a finales de dicho siglo o comienzos del siguiente.

Sin embargo, desaparecida la institución del catecumenado y sustituida la reconciliación pública por la penitencia secreta a partir del siglo VII, la Cuaresma quedó configurada como un tiempo casi exclusivamente penitencial y ascético. La ceniza se empezó a imponer a todos los fieles en el siglo IX, cuando había decaído la práctica de la penitencia pública. Por otra parte, la devoción a la Pasión de Cristo y a la Virgen Dolorosa invadió también las últimas semanas de la Cuaresma sobre todo a partir de la Baja Edad Media.

La Cuaresma tiene en realidad 46 días, desde el miércoles de ceniza al sábado santo inclusive, a los que se debe restar los seis domingos, quedando 40 días de penitencia.

2.- El doble carácter de la Cuaresma según el Vaticano II.

El movimiento litúrgico impulsó una fuerte renovación de este tiempo orientándolo hacia el misterio pascual. En este sentido se expresó también el Concilio Vaticano II en la Constitución sobre la liturgia nn. 109-110:

La Cuaresma
109. Puesto que el tiempo Cuaresmal prepara a los fieles, entregados más intensamente a oír la palabra de Dios y a la oración, para que celebran el misterio pascual, sobre todo mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y mediante la penitencia, se ha de dar particular relieve en la Liturgia y en la catequesis litúrgica al doble carácter de dicho tiempo. Por consiguiente:
a) Úsense con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la Liturgia Cuaresmal y, según las circunstancias, restáurense ciertos elementos de la tradición anterior.
b) Dígase lo mismo de los elementos penitenciales. Y en cuanto a la catequesis, incúlquese a los fieles, junto con las consecuencias sociales del pecado, la naturaleza propia de la penitencia, que lo detesta en cuanto es ofensa de Dios; no se olvide tampoco la participación de la Iglesia en la acción penitencial y encarézcase la oración por los pecadores.

Penitencia individual y social
110. La penitencia del tiempo Cuaresmal no debe ser sólo interna e individual, sino también externa y social. Foméntese la práctica penitencia de acuerdo con las posibilidades de nuestro tiempo y de los diversos países y condiciones de los fieles y recomiéndese por parte de las autoridades de que se habla en el artículo 22.
Sin embargo, téngase como sagrado el ayuno pascual; ha de celebrarse en todas partes el Viernes de la Pasión y Muerte del Señor y aun extenderse, según las circunstancias, al Sábado Santo, para que de este modo se llegue al gozo del Domingo de Resurrección con ánimo elevado y entusiasta.

3.- Las lecturas de los domingos de la Cuaresma A (catecumenal).

Los domingos de Cuaresma tienen tres lecturas cuyos temas no están siempre relacionados entre ellos, sino que forman tres secuencias diferentes: la historia de la salvación (Primera lectura: Antiguo Testamento), el misterio pascual y su aplicación en la Iniciación Cristiana (Segunda lectura: Apóstol) y el tema propio del año (Evangelio).

a) Primeras lecturas: La exposición y vivencia de la historia de la salvación.

Cada año la selección de lecturas del Antiguo Testamento tiene un criterio propio, así tenemos: Ciclo A) Catecumenal - sacramental, íntimamente relacionada con el orden de los evangelios. B) Catecumenal - Alianza - Eclesial y C) Catecumenal - memoria de las obras de Dios, el camino de la Pascua y su celebración litúrgica. De los tres ciclos, el primero es aquel en que los conjuntos de lecturas dominicales están más compenetrados en cuanto al tema principal.

La finalidad de este criterio consiste en evitar la dispersión de temas bíblicos sugeridos por las lecturas, las cuales en los tres años están dispuestas siguiendo la recomendación de san Agustín, para el cual la historia de la salvación está dividida en siete edades; las cinco primeras abarcan el Antiguo testamento, la sexta fue inaugurada por Cristo y la séptima corresponde a la Parusía. Los acontecimientos más importantes que inauguran cada una de las etapas, serán aquellos sobre los que la catequesis debe detenerse más. Dada su importancia, insistimos en dar a conocer este texto fundamental para la catequesis y la liturgia:

Han pasado ya cinco edades del mundo, la primera de las cuales va desde el origen del género humano, esto es, desde Adán, que fue el primer hombre creado, hasta Noé, que construyó el arca durante el diluvio. Luego la segunda llega hasta Abrahán, que con razón fue elegido como padre de todos los pueblos, para que imitaran su fe, pero más particularmente el pueblo judío, en virtud de la descendencia carnal (...). Estos momentos de las dos edades aparecen claros en los libros antiguos; de las otras tres se habla también en el Evangelio, cuando se recuerda el origen del Señor Jesucristo según la carne. La tercera, en efecto, va desde Abrahán hasta el rey David; la cuarta, desde David hasta aquella cautividad, en que el pueblo de Dios fue deportado a Babilonia; la quinta, desde aquella deportación hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo. Y a partir de aquella venida comienza la sexta, durante la cual la gracia espiritual, que hasta entonces sólo habían conocido unos pocos patriarcas y profetas, se manifiesta a todas las gentes (De catechizandis rudibus, 39).

En este año A, de marcado sentido catecumenal, debemos evocar nuestro camino hacia Cristo mediante la iniciación cristiana. En la Pascua deberemos renovar la profesión de fe y el compromiso bautismal, pero antes habremos de revivir un proceso que nos llevó por pura gracia al Bautismo en el principio de nuestra existencia, renovándola e injertándonos en Cristo por el Espíritu Santo antes de recibir los otros dos sacramentos de iniciación: Confirmación y Eucaristía, pero que podemos volver a recorrer, madurando como cristianos y reviviendo las gracias de la iniciación cristiana siguiendo los modelos de la historia de la salvación en el Antiguo Testamento, como era la práctica del antiguo catecumenado:

1º Domingo (Los orígenes, Génesis 2, 7-9; 3, 1-7): Cada uno de nosotros era hijo de Adán, heredero de su pecado original,
2º Domingo (Abrahán, Gen l2, 1-4ª): Como Abrahán fuimos llamados a salir de la tierra del pecado para ir a la de la promesa
3º Domingo (El Éxodo, Ex 17, 3-7): Con Moisés recorremos el camino del desierto, mantenidos por el agua de la vida.
4º Domingo (La tierra prometida, 1 Sam 16, 1.6-7.10-13): Ya en la tierra de la antigua promesa, David es ungido como rey y es figura de Cristo y los cristianos
5º Domingo Los profetas, Ez 37, 12-42): Por último, los profetas anuncian la resurrección del pueblo cautivo que es figura de la resurrección de Cristo y de los redimidos.

b) Segunda lectura: La aplicación y vivencia del misterio pascual.

Las lecturas apostólicas se relacionan ya con la primera ya con el Evangelio, a modo de reflexión teológica sobre los acontecimientos proclamados y de aplicación para nuestras vidas; por ello tienen mucha importancia. Lo iremos precisando cada semana en el comentario de esta sección de liturgia.

c) Evangelios “Sinópticos” y "temáticos". La salvación por Cristo.

Los cinco domingos de Cuaresma - en cuanto a las lecturas evangélicas - pueden dividirse en dos grupos. Los dos primeros serían los "sinópticos", pues en ellos se repiten cada año los episodios del desierto y de la Transfiguración. Los tres últimos se pueden llamar "temáticos" pues desarrollan tres argumentos diferentes que corresponden a las tres finalidades de la Cuaresma. En consecuencia, aparecen sucesivamente en los tres años otros tantos temas: A) Iniciación cristiana. B) Misterio pascual y C) Conversión.

La relación o secuencia temática de los tres últimos domingos de esta Cuaresma A podría ser: ¿Cómo se llega a ser cristiano?: Recibiendo el don de Dios en un encuentro con Cristo (3º domingo; la Samaritana); mediante una iluminación que nos hace posible la confesión de fe bautismal (4º domingo; la curación del ciego de nacimiento) y, finalmente, resucitando a la vida nueva (5º domingo; resurrección de Lázaro). En los próximos comentarios litúrgicos se proporcionarán sugerencias para celebrar mejor esta importante Cuaresma que nos hace volver una vez más sobre el principio de nuestra vida nueva en los sacramentos de la iniciación cristiana.

Jaime Sancho Andreu.


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