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SAN VICENTE, DIÁCONO, EL PROTOMÁRTIR DE VALENCIA
(22 de enero de 2015)

El comienzo del cristianismo en España.

Como ocurrió en el resto de Hispania, los primeros cristianos en las actuales tierras valencianas debieron ser militares de paso y comerciantes provenientes del Africa romana, con la que existía una prolija red de comunicaciones comerciales. Alguno de los primeros evangelizadores conocidos, eran africanos. No podemos asegurar que hubiese una Iglesia constituida en torno a un obispo, como en otras ciudades de Hispania, pero no debieron faltar en una urbe tan bien comunicada como Valentia - situada entre Tarraco y Cartago Nova - actividades de evangelización, de reuniones litúrgicas y catequéticas más o menos clandestinas, con la asistencia de algún presbítero local o itinerante. La Valencia cristiana entra definitivamente en la historia con el acontecimiento del martirio del diácono san Vicente a comienzos del siglo IV. Esto es así porque durante los tres primeros siglos de la era cristiana no tenemos datos de vida cristiana no sólo en la ciudad de Valencia y sus alrededores sino también en las otras ciudades del territorio desde la desembocadura del Ebro hasta el sur de la actual provincia de Alicante.
No sabemos la forma en que las persecuciones de los emperadores romanos durante los tres primeros siglos afectaron a los cristianos de nuestra región. En la medida de su existencia se darían las confiscaciones de lugares de culto, detenciones de los dirigentes de las Iglesias y de otros cristianos, como en otros lugares.

La persecución de Diocleciano.

En el año 304, la ciudad de Valentia es el primer lugar de nuestra región que entra documentalmente en la historia del cristianismo merced al martirio del diácono de Caesaraugusta (Zaragoza) san Vicente, que fue conducido hasta esta ciudad junto con su obispo san Valero durante la persecución de Diocleciano.

El emperador Diocleciano, a finales del siglo III, promovió una gran reorganización del imperio para hacer frente a los peligros exteriores y a la decadencia interna. Una de las medidas era la obligación de todos los pobladores del imperio, fuese de la religión que fuesen, de adorar al “genio” divino de Roma, impersonado en el Cesar. Por ello en su tiempo se llevó a cabo una política de persecuciones contra los que rechazaban esa idolatría que culmino en la última y más sangrienta represión general. A comienzos del siglo IV, la Iglesia de Cesaraugusta (Zaragoza) estaba sólidamente establecida, y desde allí - a comienzos del año 304 - fueron trasladados a Valentia su obispo Valero y su diácono Vicente, cumpliendo los edictos persecutorios. En aquellos tiempos, los diáconos (ministros, servidores) eran los que estaban más cerca de los obispos, ayudándoles en el gobierno y la administración de la Iglesia, mientras que los presbíteros (ancianos, sacerdotes) formaban un consejo que lo asistía en las celebraciones y en la enseñanza y lo asesoraba en las cuestiones más importantes. La estructura de la Iglesia de entonces y los pormenores del martirio nos descubren que Vicente sería la mano derecha de su obispo y, como tal, lo acompañó en la persecución.

¿Porqué no fueron juzgados en su ciudad y fueron llevados a la ciudad más extrema de la Tarraconense? No puede hacerse más que conjeturas, como el hecho de ser Valentia una “colonia” dependiente directamente de Roma, o que en esta ciudad habría muy pocos cristianos y no existiría el peligro de un apoyo popular a su obispo; tal vez... Pero esto se contradice con lo que ocurrió en otros lugares, donde las ejecuciones buscaban atemorizar a los cristianos. Perdidas las actas, algunos relatos del mismo siglo conservan lo sustancial de los hechos.

El martirio de san Vicente.

El martirio o testimonio del diácono Vicente tuvo varios momentos singulares que hicieron que su fama llegase a toda la cristiandad. En primer lugar Vicente quedó solo, porque Valero fue condenado al destierro. Al diácono Vicente no se le ahorraron ninguno de los tormentos previstos en la norma procesal romana. Hay en este caso algo singular que quizás contribuyó a su grandísima fama; el martirio de san Vicente se convierte en un combate psicológico entre el juez y el acusado; además, cuando el perseguidor intentó ablandar la resistencia del mártir mandando que lo pusieran en un lecho y lo cuidasen. Dios llamó inmediatamente junto a si a su testigo, teñido aún con la sangre martirial. Del mismo modo los relatos se recrean en contar como el cuerpo fue preservado en el muladar, salvado de las aguas y recogido por los cristianos en la playa hasta ser depositado en un modesto sepulcro junto a la vía Augusta, desde, como dice la Pasión litúrgica, fue llevado a la Iglesia Madre y puesto bajo el altar que se le había consagrado, el “digno sepulcro” que menciona la misa hispánica del santo.

La difusión de la veneración a san Vicente mártir.

San Vicente llegó a ser el gran mártir de la Iglesia de occidente, como san Lorenzo lo fue de Roma y en Oriente san Esteban, los tres diáconos. Las homilías de san Agustín predicadas en su fiesta difundieron más todavía su memoria. El martirio de san Vicente fue la semilla de la Iglesia en Valencia; en lugar de temor suscitó admiración, de modo que desde entonces su sepulcro fue el centro de la primera comunidad y, cuando esta se institucionalizó y creció, el mártir se convirtió en el patrono de la misma y su valedor durante los años oscuros de la dominación musulmana.
Algunos hechos se imponen: En aquellos tiempos dispuso Dios que Vicente fuese traído prisionero a Valentia desde Cesaraugusta (Zaragoza), acompañando a su Obispo Valero; el prelado fue desterrado, mientras que su fiel diácono fue torturado hasta la muerte por causa de su fe, mostrando una fortaleza tan grande que fue la admiración de todo el orbe cristiano. Su memoria se difundió mediante su “Pasión”, el poema que le dedicó Aurelio Prudencio, homilías como las predicadas por san Agustín y textos litúrgicos como los de la liturgia hispano-mozárabe.

Aquel acontecimiento es considerado como el primer dato cierto de la presencia del cristianismo en Valencia y como la semilla de nuestra Iglesia. Por ello san Vicente mártir fue proclamado patrono de la ciudad de Valencia, de la archidiócesis valentina, de otros muchos lugares, siendo celebrado especialmente en Portugal, el sur de Francia y toda España, por ciudades como Huesca y Zaragoza, Córdoba – cuya catedral pre-islámica estuvo dedicada a nuestro patrono, y hasta la nación caribeña de San Vicente y las Granadinas, islas descubiertas por Colón el 22 de enero de 1498.

La festividad de san Vicente en Valencia

En estas fechas es muy recomendable la visita a la “Cripta arqueológica” de san Vicente y contemplar su magnífico audiovisual, así como la participación en la Misa según el rito hispano-mozárabe que se celebra en la basílica sepulcral de la Roqueta (Parroquia de Cristo Rey, Valencia) el día 22 a las 20 h., lo mismo que la participación en los actos en honor de nuestro protomártir que sean presididos por el Sr. Arzobispo, en especial la Misa estacional que se celebra en la Catedral el día 22 a las 10, 30 h., seguida de la procesión que recorre los lugares relacionados con el martirio de san Vicente.

Jaime Sancho Andreu


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