Hoy es miércoles 21 de febrero de 2018
Menú
Inicio / Liturgia





  Domingo V del tiempo ordinario
Ciclo B
pixel

  Primera lectura
  1ª lectura: Me harto de dar vueltas hasta el alba
Lectura del libro de Job 7, 1-4. 6-7

Job habló diciendo:
«¿No es acaso milicia la vida del hombre sobre la tierra, y sus días como los de un un jornalero?
como el esclavo, suspira por la sombra, como el jornalero, aguarda el salario.
Mí herencia han sido meses baldíos, me han asignado noches de fatiga.
Al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se me hace eterna la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba. Corren mis días más que la lanzadera, se van consumiendo faltos de esperanza. Recuerda que mi vida es un soplo, que mis ojos no verán más la dicha»

  Salmo responsorial
  Sal 146, 1-2. 3-4. 5-6
R. Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados

Alabad al Señor, que la música es buena;
nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.
El Señor reconstruye Jerusalén,
reúne a los deportados de Israel. R.

Él sana los corazones destrozados,
venda sus heridas.
Cuenta el número de las estrellas,
a cada una la llama por su nombre. R.

Nuestro Señor es grande y poderoso,
su sabiduría no tiene medida.
El Señor sostiene a los humildes,
humilla hasta el polvo a los malvados. R.

  Segunda lectura
  Ay de mí si no anuncio el Evangelio
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 9, 16-19. 22-23

Hermanos:
El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no
anuncio el Evangelio!
Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es
que me han encargado este oficio.
Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin
usar el derecho que me da la predicación del Evangelio.
Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me
he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos.
Y todo lo hago por causa del Evangelio, para participar yo también de sus bienes.

  Aleluya
 

Mt 8, 17b
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Cristo tomó nuestras dolencias
y cargo con nuestras enfermedades. R.


  Evangelio
 

Curó a muchos enfermos de diversos males
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la
puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios
lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro,
se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al
encontrarlo, le dijeron:
«Todo el mundo te busca». Él les respondió:
«Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido».
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.


  Comentarios
 

LOS SIGNOS DEL REINO (II)
(5º Domingo ordinario - B-, 4 de febrero de 2018)

Las consecuencias del pecado

Jesús vino a salvar al hombre de las consecuencias del pecado, entre ellas de la inseguridad y la angustia que provocan la enfermedad, tal como vienen descritas esas dolencias en el libro de Job (Primera lectura). En efecto, la persona que no ha recibido la Buena Noticia de la salvación que trae Jesús al mundo padece la falta de sentido que tiene su dolor y hasta toda su vida. En otro casos se ve más o menos consolado por religiones que reducen al hombre a ser una parte más de la naturaleza o una pieza insignificante dentro de una serie de infinitas reencarnaciones de la que es casi imposible escapar para llegar a una existencia plena y feliz. Al final, el consuelo llega en forma de fatalismo o de renuncia al deseo de la propia salvación.

Sin embargo, los cristianos, que deberíamos ser conscientes de haber recibido la salvación, y de que no podemos dejar de anunciar a todos esta Buena Nueva, tenemos también a veces una valoración pesimista o excesivamente negativa de la vida y del mundo actual. Parece que anunciamos antes la ausencia de Dios o el abandono en que nos tendría, que las señales de su Reino que ya a comenzado a desarrollarse desde el interior de nosotros mismos. No acabamos de descubrir la acción de Jesús, que sigue actuando en este mundo; por ejemplo, una curación física o espiritual, una conversión, una señal de esperanza, una obra de la Iglesia que ayuda a salir de situaciones desesperadas...

Los milagros de Jesús.

La curación de la mujer aquejada de fiebre es uno de los milagros de Jesús que san Marcos presenta como signos de la llegada del Reino de Dios y de la autoridad del mismo Jesucristo como Salvador definitivo y universal de la humanidad. Así, explicábamos el domingo pasado que en el comienzo del Tiempo Ordinario de este año B, el Evangelio de Marcos comienza el relato de la vida pública de Jesús con una serie de milagros que son la base de una catequesis sobre la salvación que nos llega por medio de la iniciación cristiana: Jesús cura a un endemoniado (Mc 1, 21-28; 4º Domingo), libera de la fiebre a la suegra de Pedro (Mc 1, 29-39; 5º Domingo), limpia a un leproso (Mc 1, 40-45: 6º Domingo) y da movimiento a un paralítico (Mc 2, 1-12; 7º Domingo).
En nuestro tiempo, Jesús continúa realizando estos signos del Reino mediante la liturgia de los sacramentos, en la cual es expulsado Satanás, se da libertad para servir al Señor, se incorpora a la comunidad y se comienza a seguir el camino de Jesús una vez que hemos sido liberados de la atadura de los pecados. Como enseñaba san León Magno: Lo que en Cristo era visible, ha pasado a los sacramentos de la Iglesia.

Liberados para servir a Jesús

Este domingo destaca el signo de la curación de la suegra de Simón Pedro. La buena mujer estaba postrada a causa de la fiebre, y no podía servir a Jesús y sus acompañantes, que llegaban a su casa, tal como ella hubiese querido. Pero se lo dijeron a Jesús, él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles (Mc 1, 31). San Marcos utiliza este signo para fundamentar una catequesis sobre la conversión. En primer lugar está la mediación de la Iglesia, se lo dijeron a Jesús, luego el Señor se acerca para un encuentro personal de fe, toma de la mano como a una hija y la levanta, la resucita de la postración del pecado.

Aquí está contenida la gran verdad de fe de que no podemos agradar ni servir a Dios si él no nos hace gratos a él por la gracia. El término de este proceso es el servicio a Jesús y a los suyos, que en aquella mujer se limitaba a prepararles la comida; pero san Marcos elige cuidadosamente el término diaconía para referirse a este servicio, ya que servir a Jesús y a su comunidad en la liturgia, en el ministerio de la palabra y en la caridad, es un ministerio honroso y no un trabajo servil.

Los diáconos en la Iglesia son un signo del ministerio o servicio que Jesús ejerce ante el Padre y muestran la perenne dedicación de la Iglesia para las obras del amor. Pero ésta no es una tarea sólo de los diáconos; todos los cristianos tenemos el ministerio honroso de servir a Jesús cuando atendemos a los hermanos necesitados, a los enfermos, a los incapacitados y a los más débiles, comenzando por los de casa y haciéndonos prójimos, próximos, de todos los desventurados en el cuerpo o en el espíritu.

Puede ser éste un servicio callado, humilde, pero nunca será bajo ni servil, porque a través del hermano estaremos sirviendo al Señor que dijo: Lo que hagáis a uno de estos pequeños, mis hermanos, me lo hacéis a mí (Mt 25, 40). La mujer de Cafarnaúm, la primera diaconisa. Habrá muchas más.

Servidores, como Pablo, en todo momento y lugar

El pasaje de san Pablo que se lee este domingo nos revela el espíritu generoso y abierto del Apóstol: Me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos (1 Cor 9, 22; Segunda lectura). En efecto, se acercó con el mismo mensaje pero con un lenguaje diferente a judíos y gentiles, a personas de Oriente y de Occidente, incluso en la gran urbe de Roma, pero él mismo admite la comparación entre el “todo” de su entrega y el éxito relativo “algunos” de su misión. El Apóstol se dirige ahora a nosotros para decirnos: Hay que sembrar mucho y de todas las maneras, y confiar en el Espíritu sin apoyarnos sólo en nuestras personas o métodos.

Jaime Sancho Andreu


LA PALABRA DE DIOS EN ESTE DOMINGO

Primera lectura y Evangelio. Job 7, 1-4.6-7 y Marcos 1, 29-39: Jesús vino a salvar al hombre de las consecuencias del pecado, entre ellas de la inseguridad y la angustia que provocan la enfermedad, tal como vienen descritas esas dolencias en el libro de Job. La curación de los enfermos por Cristo es una señal de que ha llegado el Reino de Dios. La suegra de Simón, liberada de la fiebre, se puso a servir a Jesús y a los suyos; así el Bautismo y la Penitencia nos liberan de la debilidad del pecado para que sirvamos al Señor y al prójimo con diligencia.

Segunda lectura. 1 Corintios 9, 16-19.22-23: San Pablo sigue presentándose a los Corintios y muestra la inquietud y la humildad del verdadero apóstol; de ahí procede su capacidad de adaptación a las condiciones de cada momento, imitada ahora por la Iglesia cuando se incultura en las diferentes regiones del mundo.


« volver
Buscador de Noticias:      Búsqueda avanzada
Enlaces destacados
Arzobispado de Valencia
C/ Palau
Teléfono: +34 96 382 97 00
archivalencia@archivalencia.org
46003 Valencia
Fax: +34 96 391 81 20
www.archivalencia.org
©Archivalencia.org