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LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR
(2 de febrero de 2018)

Historia de esta festividad

En el siglo IV la peregrina Egeria conoció en Jerusalén esta fiesta, que luego se extendió por toda la Iglesia. En Roma se aprovechó para sustituir a una fiesta pagana tumultuosa y licenciosa que tenía como acto final una procesión alrededor de la ciudad (Amburbale); por eso la fiesta cristiana romana conservó la solemne entrada con los cirios heredada de su origen oriental, como celebración de Cristo luz, que llega al encuentro con su pueblo en el Templo; pero incorporó un nuevo sentido penitencial, significado con los ornamentos oscuros o morados que conservó hasta las normas litúrgicas de san Juan XXIII (1960), en que pasó a ser fiesta del Señor con ornamentos blancos.

Es una celebración que siempre a disfrutado de unos textos de gran riqueza poética y musical, de lo que es buena muestra el canto de las Vísperas bizantinas: Hoy la santa Madre, más elevada en dignidad que el santuario mismo, penetra en él para que el mundo contemple al que, siendo autor de la Ley, viene hoy a someterse a ella, o el canto procesional griego que ha pasado a la liturgia romana: Adorna, Sión, tu cámara nupcial. Acoge a Cristo, tu Rey. Ve presuroso hacia María. Ella es la puerta del cielo, pues he aquí que tiene en sus manos al Rey de la gloria, a la luz nueva, engendrada antes de la aurora, que ha inspirado el bello himno de Laudes de nuestra Liturgia de las Horas: Iglesia santa, esposa bella, sal al encuentro del Señor, adorna y limpia tu morada y recibe a tu Salvador.

La liturgia actual

La liturgia romana sigue dando gran importancia al rito de entrada, ya sea haciendo la procesión de la luz desde una iglesia menor u otro lugar fuera de la iglesia (Primera forma: Procesión) o bendiciendo el sacerdote las candelas desde la entrada del templo y haciendo la procesión al altar precedido de un grupo de fieles (Segunda forma: Entrada solemne).

Situada a los cuarenta días de la Navidad, en recuerdo de la norma de Moisés que mandaba ofrecer a Dios a los hijos primogénitos en este plazo, como signo de la alianza con Dios y en gratitud por la liberación de Egipto, esta fiesta conserva los elementos que destacan sus diferentes nombres, tanto el de Encuentro en la liturgia oriental (Hypapante), como el de Purificación de nuestra Señora (hasta 1960) y Presentación del Señor en la liturgia romana.

Jesús viene al encuentro de su pueblo

La monición de la bendición de las candelas nos recuerda que hoy se cumplen los cuarenta días de la fiesta del Nacimiento del Señor. Hoy es el día en que Jesús fue presentado en el templo para cumplir la ley de Moisés, como lo proclama el Evangelio, una vez cumplido el plazo de retiro impuesto por la norma bíblica a las madres después del alumbramiento.
Pero el sentido oculto de aquel acto religioso que cumplieron José y María como fieles israelitas, su misterio, estaba en ser el primer encuentro del Mesías con el pueblo creyente, el resto de Israel. Impulsados por el Espíritu Santo, vinieron al Templo los santos ancianos Simeón y Ana que iluminados por el mismo Espíritu, convirtieron el misterio en revelación, reconocieron al Señor y lo proclamaron con alegría.

Ahora nosotros renovamos aquel acontecimiento en la entrada procesional, cuando los sacerdotes y los fieles llevamos en las manos las benditas candelas encendidas, tal como María llevaba a Cristo, luz de las naciones; y luego, en la santa Misa, vemos al encuentro del señor y lo reconocemos realmente presente en todos los signos de la celebración que lo esconden como misterio sacramental y lo descubren y proclaman por medio de la fe: la persona del sacerdote, la palabra de Dios, la asamblea que es su Cuerpo místico y Esposa y, sobre todo, en la fracción del pan, hasta que vuelva revestido de gloria al final de los tiempos.

Como siempre debe ocurrir, las fiestas del Señor nos deben llevar a buscarlo y encontrarlo en nuestros semejantes más cercanos y también en los alejados, conforma a la palabra de Jesús, que se identifica con los pobres y necesitados de toda clase.

Jesús, verdadero Dios y hombre

A los cuarenta días del nacimiento de Jesucristo, esta fiesta debe despertar el deseo por conocerlo mejor. Si lo utilizamos como primera lectura, el texto de la carta a los Hebreos nos introduce hoy en el misterio de este niño que es presentado como uno más en el Templo: es Hijo de Dios, pero también es uno de nuestra familia, hermano nuestro, por eso puede ser un Sumo Sacerdote compasivo y fiel (Heb 2, 17); misericordioso como hermano y fiel como Hijo. Desde su nacimiento y circuncisión, humillándose bajo el yugo de la Ley, Jesús Dice al Padre: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad (Salmo 40, 8-9; Heb 10, 7) y así es nuestro Salvador porque, como ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar ahora a los que pasan por ella (Heb 2, 18).

El día de la Vida Consagrada

En nuestra Iglesia de Valencia, una vez más se tiene en este día una solemne celebración estacional, a la que se unen todos los miembros de los institutos de vida consagrada y que este año tendrá lugar en la Catedral Metropolitana.

En el día en que nuestra Iglesia Local se reunirá en torno a su Pastor, representada por los hombres y mujeres de vida consagrada, el ejemplo de estos hermanos y hermanas nos lleva a recordar la presentación de nuestra vida a Dios y la consagración que recibimos en la Iniciación Cristiana.
Jaime Sancho Andreu



LA PALABRA DE DIOS EN ESTA FESTIVIDAD

Primera lectura y Evangelio. Malaquías 3, 1-4 y Lucas 2, 22-40: El profeta describe la entrada del Mesías en el templo de Jerusalén tal como se la imaginaban en su tiempo, como una llegada terrible, para purificar y corregir las costumbres de Israel; sin embargo, el Evangelio nos muestra la entrada de Jesús en el Templo siendo un humilde niño, que se encuentra con los representantes del resto de Israel: el anciano Simeón y la profetisa Ana. Desde el principio de su vida humana, Cristo es luz de las naciones y gloria de su pueblo.

O bien:

Primera lectura. Hebreos 2, 14-18: Desde que entró en el mundo, el Hijo de Dios hecho hombre comenzó a ofrecer el único sacrificio agradable a Dios como pontífice compasivo y fiel. Hecho en todo semejante a nosotros, se sometió a la ley de Moisés para perfeccionarla y darnos la verdadera libertad.


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