Hoy es miércoles 16 de enero de 2019
Menú
Inicio / Liturgia





  La Sagrada Familia
Ciclo C
pixel

  Primera lectura
  Quien teme al Señor honrará a sus padres
Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14

El Señor honra más al padre que a los hijos y afirma el derecho de la madre sobre ellos.
Quien honra a su padre expía sus pecados, y quien respeta a su madre es como quien acumula tesoros.
Quien honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado.
Quien respeta a su padre tendrá larga vida, y quien honra a su madre obedece al Señor.
Hijo, cuida de tu padre en su vejez, y durante su vida no le causes tristeza.
Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él y no lo desprecies aun estando tú en pleno vigor.
Porque la compasión hacia el padre no será olvidada y te servirá para reparar tus pecados.

  Salmo responsorial
  Sal 127, 1-2. 3. 4-5
R. Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R.

Esta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida. R.

  Segunda lectura
  La vida de familia en el Señor
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21

Hermanos:
Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad humildad,
mansedumbre y paciencia.
Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro.
El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta
Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados,
en un solo cuerpo.
Sed también agradecidos. La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.
Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.
Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando
gracias a Dios Padre por medio de él.
Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras
mujeres, y no seáis ásperos con ellas.
Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. Padres, no exasperéis
a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.

  Aleluya
 

Col 3, 15a. 16a
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

La paz de Cristo reine en vuestro corazón;
la Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza. R.


  Evangelio
 

Los padres de Jesús lo encontraron en medio de los maestros
Lectura del santo Evangelio según san Lucas Lc, 41-52

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua.
Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se
volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que se enteraran sus padres.
Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a
buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo.
Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros,
escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su
talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados». Él les contestó:
«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».
Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.
Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.
Su madre conservaba todas esto en su corazón.
Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura, y en gracia ante Dios y ante los hombres.


  Comentarios
 

SAGRADA FAMILIA: JESÚS, MARÍA Y JOSÉ
(Domingo después de Navidad -C-. 30 – Diciembre – 2018)

El domingo que sigue a la Navidad nos lleva a la intimidad de aquella santa familia en que se desarrolló el Hijo de Dios hecho hombre. Es una fiesta de reciente creación, que tiene como finalidad evocar las virtudes domésticas que reinaban en el hogar de Jesús: fidelidad, trabajo, honradez, obediencia, respeto mutuo entre los padres y el hijo... y pedir que estas buenas costumbres sigan teniendo vigencia en nuestras familias.

Cada año leemos uno de los escasos pasajes de los evangelios que nos recuerdan la infancia de Jesús, y en todos ellos, ya se trate de la presentación en el templo, de la huida a Egipto o el que acabamos de leer en este año: Jesús perdido y hallado en el templo… todos ellos proclaman en primer lugar la fe cristiana en Jesucristo, que es Dios y hombre verdadero, que fue un niño nacido y criado en el seno de una familia y que en ella vivió sometido a la ley de Moisés, padeció el destierro y tuvo los problemas y crisis de una personalidad que crecía y se desarrollaba, dando señales de su ser sobrenatural.

Es un pasaje muy conocido, y Jesús concluye diciendo a María y José ¿Porqué…? No os dais cuenta que yo soy una gracia del Padre para el mundo, que no os pertenezco del todo?

Y así es cada hijo. Es un don de Dios, una vida que encierra un misterio y los padres no pueden disponer de él, ni después ni antes de nacer. No es una parte de sus cuerpos, es ALGUIEN, una persona que debe crecer bajo la gracia de Dios y al final deberá responder sólo ante el Padre del cielo.

Pero Jesús no se encastilló en su YO, por divino que fuera. El Hijo eterno aprendió lo que significaba ser “hijo” obedeciendo a sus padres de la tierra. “Siguió bajo su autoridad”. Hasta que llegase el momento de seguir su propio camino.

María y José supieron respetar el misterio que se encerraba en aquella joven vida -- toda la vida de María junto a Jesús fue un continuo asombro y un constante recordar – pero no renunciaron a su misión protectora y educadora, José hasta donde le llegó la vida, María hasta el pie de la cruz dando a su Hijo lo único que podía entonces, compañía, compasión, amor, hacia él y hacia todos los hijos que recibía para siempre como fruto del sacrificio de Jesús: Nosotros.

José y María, dignos hijos de Israel. La primera lectura nos ha recordado las normas de vida familiar que enseñaron los sabios de Israel. ¿Acaso están ya definitivamente desfasadas, anticuadas por una sociedad nueva?...

San Pablo nos ha hablado también de las relaciones familiares en el tiempo nuevo de Cristo; y entre los valores que recomienda, se hallan los de la reconciliación y la paz.

Y una última pregunta: ¿Se puede transmitir la fe? ¿Qué se quiere decir con esta expresión?:
La fe no es una mera herencia cultural, sino una acción continua de la gracia de Dios que llama y de la libertad humana que puede o no adherirse a esa llamada. Aunque nadie responde por otro, sin embargo los padres cristianos están llamados a dar un testimonio creíble de su fe y esperanza cristiana. Han de procurar que la llamada de Dios y la buena nueva de Cristo lleguen a sus hijos con la mayor claridad y autenticidad.

Con el pasar de los años, este don de Dios que los padres han contribuido a poner ante los ojos de los pequeños necesitará también ser cultivado con sabiduría y dulzura, haciendo crecer en ellos la capacidad de discernimiento. De este modo, con el testimonio constante del amor conyugal de los padres, vivido e impregnado de la fe, y con el acompañamiento entrañable de la comunidad cristiana, se favorecerá que los hijos hagan suyo el don mismo de la fe, descubran con ella el sentido profundo de la propia existencia y se sientan gozosos y agradecidos por ello. La familia cristiana transmite la fe cuando los padres enseñan a sus hijos a rezar y rezan con ellos; cuando los acercan a los sacramentos y los van introduciendo en la vida de la Iglesia; cuando todos se reúnen para leer la Biblia, iluminando la vida familiar a la luz de la fe y alabando a Dios como Padre.”

Domingo de la Sagrada Familia… Hoy es un buen día para que los padres hagan memoria de su compromiso matrimonial, de ser signos del amor de Dios. Un buen día para que todos los padres y madres contemplen con asombro y respeto el misterio que crece en sus hijos y den gracias a Dios por ellos. Un buen día para que los hijos se acerquen a sus padres y se comprometan a portarse con más gratitud y comprensión con ellos. Un buen día para que los hijos acompañen a sus padres en la Eucaristía y se den la paz que sólo Dios puede dar. Un buen día para hacer efectivos esos deseos que tanto nos prodigamos en la Navidad: paz, amor y unidad.


« volver
Buscador de Noticias:      Búsqueda avanzada


Enlaces destacados
Arzobispado de Valencia
C/ Palau
Teléfono: +34 96 382 97 00
archivalencia@archivalencia.org
46003 Valencia
Fax: +34 96 391 81 20
www.archivalencia.org
©Archivalencia.org