Hoy es lunes 09 de diciembre de 2019
Menú
Inicio / Liturgia





  Domingo I de Adviento
Ciclo A
pixel

  Primera lectura
 

  Salmo responsorial
 

  Segunda lectura
 

  Aleluya
 


  Evangelio
 


  Comentarios
 

TESTIGOS VIGILANTES
(1º Domingo de Adviento A. 1 -Diciembre- 2019)

Oración para bendecir la corona del Adviento y encender el primer cirio.

Después de venerar el altar y saludar a la asamblea, el sacerdote, en lugar del acto penitencial, desde la sede, dice:

Hermanas y hermanos: Al comenzar este nuevo año litúrgico vamos a bendecir esta corona con que inauguramos también el tiempo de Adviento que nos llevará hasta la Navidad. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. Su color verde significa la vida y la esperanza. Por eso hoy, primer domingo de Adviento, bendecimos esta corona y encendemos su primer cirio.

Luego el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración de bendición:

Oremos.

La tierra, Señor, se alegra en estos días, y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor, que se acerca como luz esplendoroso, para iluminar a los que yacemos en las tinieblas de la ignorancia, del dolor y del pecado; para hablarnos al corazón y despertarnos a la Vida verdadera. ¡Ojalá sepamos aprovechar este momento!

Lleno de esperanza en su venida, tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del bosque y la ha adornado con luces.

Ahora, pues, que vamos a empezar el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, te pedimos, Señor, que, mientras se acrecienta cada día el esplendor de esta corona, con nuevas luces, a nosotros nos ilumines con el esplendor de aquel que, por ser la luz del mundo, iluminará todas las oscuridades. Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Y el mismo celebrante o un fiel, enciende el cirio que corresponde a la primera semana del Adviento, mientras puede cantarse ¡Ven, ven Señor no tardes!
Sigue la oración colecta.

El Adviento A, sus temas propios.

Este año comenzamos de nuevo el ciclo trienal de lecturas con el leccionario A. es el año en que leeremos preferentemente el Evangelio de san Mateo, que proclama preferentemente a Jesucristo como aquél en quien se cumplen la profecías y las esperanzas del antiguo Israel. De este modo, el primer domingo anunciará el día del Señor grande y terrible anunciado por los profetas en el que el Hijo del Hombre vendrá como Juez para reunir a los suyos. Luego comenzaremos el ciclo del Bautista, que preparará el camino del Señor (este año el tercer domingo). El ciclo de la anunciación es más completo este año, pues se proclama, tanto la anunciación a María según san Lucas (8 de diciembre, en lugar del 2º domingo), como a san José según san Mateo (Cuarto domingo).

El leccionario A lee exclusivamente al profeta Isaías en sus vaticinios más impresionantes, que comienzan con el anuncio de la paz eterna del reino de Dios: de las espadas forjarán arados, y culminan con la profecía del Emmanuel (Cuarto domingo).

La carta a los Romanos se lee en tres domingos, excepto en el tercero (carta de Santiago), y a nadie se le escapa la importancia de este escrito dentro del Nuevo testamento. En ella san Pablo declara que todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra (15,4; Segundo domingo).

Así pues, tenemos por delante un escogido e importante conjunto de textos bíblicos que nos impiden atención para escuchar la voz de Dios que “nos habla al corazón” y descubrir los signos de la venida del Señor, en la liturgia y en la vida.

Ideas para la homilía

“Caminemos a la luz del Señor”


El Señor viene para llamarnos a la renovación.

La liturgia de la palabra de este domingo es una continua vocación a un itinerario de purificación y renovación: “Venid, subamos al monte del Señor. Caminemos a la luz del Señor”, dice Isaías. “Vamos a la casa del Señor”, respondemos con el salmo 121. Vocación a la santidad en la carta de san Pablo: “Daos cuenta del momento en que vivís; ya es la hora de espabilarse, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando comenzamos a creer...

Conduzcámonos como en pleno día”, “Estad en vela para estar preparados”, insiste Jesús, porque estamos llamados a una vida santa y a llevar al mundo la luz que Cristo trajo al mundo con su nacimiento. Estar despiertos para poder escuchar al Señor, que nos habla al corazón

El día del Señor, abierto a la esperanza.

Debemos volver a descubrir el “día del Señor” y su momento central que es la Eucaristía, como una cita con el Señor, que se hace presente a la Iglesia reunida, para darle su palabra y su comunión y prepararla para la fiesta eterna del cielo.

En la celebración de la eucaristía estamos situados entre la memoria del los hechos salvadores y la gloria del Señor que nos aguarda; así lo proclamamos en la plegaria eucarística: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, Señor Jesús.

¡Ojalá aprovechemos el momento!

Cuántas luces iluminan nuestras vidas. Cuántos destellos llegan a cegar nuestros ojos. Creyendo que estas darán calor, belleza, sentido a nuestra historia.

Despertar del sueño, viene el ladrón, corred, no descanséis, proteged la casa, las alarmas fallan, los festejos terminan. Pero aunque no quiera verlo el Hijo del Hombre se acerca. Llevándose sólo a uno, a aquel que aun rodeado de tanta claridad no este cegado en plenitud, dejando un pequeño resquicio a la verdadera luz.

La vela no es una amenaza, es una tensión necesaria para crecer. Es poder confrontar nuestras vidas con la de Él. Aunque todo pueda indicar que es mejor un foco que una vela. La palabra de Dios enseña que el cirio arderá sin apagarse, para que el lucero matinal lo encuentre ardiendo. Ya que esa cera será mi vida escondida y entregada a Cristo.

Jaime Sancho Andreu

MONICIONES A LAS LECTURAS

Primera lectura. Isaías 2, 1-5: Este año seremos guiados por Isaías, el cual nos va ha acompañar “hacia el monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob”. Son palabras de esperanza, de gozo, de futuro, sobre todo hoy que el mundo necesita de la luz de la fe. Escuchemos pues con atención.

Segunda lectura. Romanos 13, 11-14a: Despertaos, Despertaos del sueño que os ata a las tinieblas. Esta es la llamada de atención que el Apóstol Pablo nos lanza en este primer domingo de Adviento. Escuchemos con atención, no desaprovechemos este tiempo que Dios nos regala.
Evangelio de Mateo 24, 37-44: “El Hijo del hombre viene.” “Pasara como en tiempo de Noé.” “A uno se lo llevaran y a otro lo dejaran.” Con estas afirmaciones el evangelista nos invita a esperar contra toda esperanza, a la fidelidad, y a la perseverancia de la comunidad. “Dichosos los que así encuentre el Señor, los invitara a entrar al banquete de bodas.”


« volver
Buscador de Noticias:      Búsqueda avanzada


Enlaces destacados
Arzobispado de Valencia
C/ Palau
Teléfono: +34 96 382 97 00
archivalencia@archivalencia.org
46003 Valencia
Fax: +34 96 391 81 20
www.archivalencia.org
©Archivalencia.org