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  Tiempo de Adviento
Ciclo B
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El rito de la corona del Adviento en el año 2017. Ciclo B.

En los últimos años se ha difundido la costumbre de iluminar domingo a domingo de Adviento las luces que anuncian las etapas hasta la Navidad. Este año se sugiere que, como en años anteriores, se coloque en el centro de la corona una vela blanca especial para encenderla en Nochebuena y el tiempo navideño. En el primer domingo de Adviento se bendice la corona y, al comenzar cada misa, después del saludo inicial, el celebrante dice la invocación que aquí se propone y, él mismo u otra persona, enciende la vela correspondiente. Entretanto se puede cantar otra estrofa del canto de entrada o recordar el bello “Himno el Jubileo 2000” a partir de su segunda estrofa.

3 de diciembre.-
1º Domingo: Oración para bendecir la corona del Adviento y encender el primer cirio.

Después de venerar el altar y saludar a la asamblea, el sacerdote, en lugar del acto penitencial, desde la sede, dice:

Hermanas y hermanos: Al comenzar este nuevo año litúrgico vamos a bendecir esta corona con que inauguramos también el tiempo de Adviento que nos llevará hasta la Navidad. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. Su color verde significa la vida y la esperanza. La corona de Adviento es, pues, un símbolo de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte, porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre y nos ha dado la verdadera vida.

El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona debe significar nuestra gradual preparación para recibir la luz de la Navidad. Por eso hoy, primer domingo de Adviento, bendecimos esta corona y encendemos su primer cirio.

Luego el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración de bendición:

Oremos.

La tierra, Señor, se alegra en estos días, y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor, que se acerca como luz esplendoroso, para iluminar a los que yacemos en las tinieblas de la ignorancia, del dolor y del pecado.

Lleno de esperanza en su venida, tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del bosque y la ha adornado con luces.

Ahora, pues, que vamos a empezar el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, ocurrida hace poco más de dos mil años, te pedimos, Señor, que, mientras se acrecienta cada día el esplendor de esta corona, con nuevas luces, a nosotros nos ilumines con el esplendor de aquel que, por ser la luz del mundo, iluminará todas las oscuridades. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Y el mismo celebrante o un fiel, enciende el cirio que corresponde a la primera semana del Adviento, mientras puede cantarse otra estrofa del canto de entrada o el estribillo del Himno del Jubileo. Sigue la oración colecta.

8 de diciembre.
-La Inmaculada Concepción: Oración para encender de nuevo un cirio de la corona del Adviento.


Después de venerar el altar y saludar a la asamblea, el sacerdote, desde la sede, dice:

En el ambiente del tiempo de Adviento hemos llegado a la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. Celebramos a la mujer purísima y libre de todo pecado, que acogió en su seno al Redentor cuya venida en la carne recordamos y cuya manifestación en la gloria esperamos con alegría.

Señor Jesús, Que el resplandor de esta nueva luz avive nuestra fe esperanzada, y nos descubra que la obra buena que inauguraste entre nosotros por medio de la Virgen María, la llevarás adelante hasta el día gozoso de tu advenimiento. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Y el mismo celebrante o un fiel, enciende un cirio de la corona del Adviento, mientras puede cantarse otra estrofa del canto de entrada o un canto de la Virgen como “Estrella y camino”. Sigue el acto penitencial.


10 de diciembre.-
2º Domingo: Oración para encender el segundo cirio de la corona del Adviento.

Después de venerar el altar y saludar a la asamblea, el sacerdote, desde la sede, dice:

Un año más llena la Iglesia el potente pregón de Juan el Bautista que renueva el de los antiguos profetas: “Preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos… La salvación está ya cerca de sus fieles y la gloria habitará en nuestra tierra.”

Señor Jesús, esta segunda luz que vamos a encender nos avisa que debemos preparar tu venida en nuestros corazones, en nuestras familias y lugares de trabajo, y también en esta comunidad cristiana que visitas sin cesar cuando te celebra con alegría. Concédenos que este aumento de la luz que podemos ver, signifique en cada uno de nosotros la expulsión de las tinieblas del pecado. Te lo pedimos a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Y el mismo celebrante o un fiel, enciende dos cirios de la corona del Adviento, mientras puede cantarse otra estrofa del canto de entrada o el estribillo del Himno del Jubileo. Sigue el acto penitencial.


17 de diciembre.-
3º Domingo: Oración para encender el tercer cirio de la corona del Adviento.

Después de venerar el altar y saludar a la asamblea, el sacerdote, desde la sede, dice:

Hermanos: Estad siempre alegres en el Señor. Nuestro Redentor está cerca y hacia él dirigimos nuestra súplica antes de encender la tercera vela de la corona del Adviento.
Avanzando hacia tu encuentro, Cristo Jesús, nos preparamos animados por la palabra profética del santo Precursor, Juan el Bautista. Cuando estamos muy cerca de la fiesta de tu Nacimiento, Señor Jesús, crece nuestra alegría porque sigues con nosotros y no has dejado de hacerte presente a tu Iglesia para cumplir la obra inmensa de la salvación del mundo. Te recibimos, sacerdote eterno, en nuestra asamblea, santo y dador de la alegría, Jesucristo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Y el mismo celebrante o un fiel, enciende tres cirios de la corona del Adviento, mientras puede cantarse otra estrofa del canto de entrada o el estribillo del Himno del Jubileo. Sigue el acto penitencial.


24 de diciembre.
4º Domingo: Oración para encender el cuarto cirio de la corona del Adviento.

Después de venerar el altar y saludar a la asamblea, el sacerdote, desde la sede, dice:

El cuarto domingo de Adviento está dedicado a la Madre del Señor y al misterio de la encarnación que se realizó en ella para la salvación del mundo.

Alégrate, Iglesia, porque hoy recibes, como María, el saludo del Angel: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.” También a ti se dirige la felicitación de Isabel: “Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor, se cumplirá”. Bendita tú entre todos los pueblos de la tierra, porque caminas con Cristo en tu seno al encuentro de todas las gentes necesitadas de luz. Que el Señor nos conceda avanzar en este tercer milenio junto con él, luz de luz, que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Y el mismo celebrante o un fiel, enciende cuatro cirios, mientras puede cantarse otra estrofa del canto de entrada o el estribillo del Himno del Jubileo. Sigue el acto penitencial.


Misa de Nochebuena:

Pregón de la solemnidad y oración para encender la vela de Navidad en la corona del Adviento.

Las cuatro primeras velas están ya encendidas. Después de venerar el altar y saludar a la asamblea, el celebrante u otro ministro puede proclamar el siguiente pregón de Navidad desde el ambón u otro lugar:

Millones de años después de la creación, cuando la tierra era materia incandescente, girando sobre sí misma;

Millones de años después de brotar la vida sobre la faz de la tierra; miles y miles de años después de que aparecieran los primeros humanos, capaces de recibir el Espíritu de Dios; unos mil novecientos años después de que Abrahán, obediente a la llamada de Dios, partiera de su patria sin saber a dónde iba; unos mil doscientos años después de que Moisés condujera por el desierto hacia la tierra prometida al pueblo hebreo, esclavo de Egipto; unos mil años después de que David fuera ungido rey de Israel por el profeta Samuel; unos quinientos años después de que los judíos, cautivos en Babilonia, retornaran a la patria por decreto de Ciro, rey de los persas;

En la ciento noventa y cuatro Olimpíada de los griegos; el año setecientos cincuenta y dos de la fundación de Roma; el año cuarenta y dos del reinado del emperador Octavio César Augusto estando el universo en paz: El Hijo de Dios Padre, habiendo decidido a salvar al mundo con su vida, concebido por obra del Espíritu Santo, transcurridos los nueve meses de su gestación en el seno materno, hace ahora poco más de dos mil años, en Belén de Judá, hecho hombre, nació de la Virgen María, Jesús, Cristo.

La solemnidad de esta noche nos recuerda aquella otra, la más importante del año: la Vigilia pascual. El nacimiento de Cristo presagia su pasión y su resurrección gloriosa; el pesebre y la noche de Belén evocan la cruz y las tinieblas del Calvario; los ángeles que anuncian al recién nacido a los pastores nos recuerdan a los ángeles que anunciaron al Resucitado a los discípulos. Es pues la Pascua del Señor Jesús - nuestra pascua, feliz Pascua - que en verdad celebramos en la conmemoración de esta Navidad.

A continuación, el celebrante, desde la sede, dice:

El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande, y a los que habitaban en las sombras, una luz les brilló. Que esta nueva luz que ahora encendemos signifique el comienzo de una Navidad que se renueva después de la primera, en Belén. ¡No tengáis miedo!: hoy, en nuestra Iglesia, nace el Salvador, la gran alegría para todo el mundo, aquel que vive y reina, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Y el mismo celebrante o un fiel, enciende la vela central de la corona, mientras puede cantarse otra estrofa del canto de entrada o el estribillo del Himno del Jubileo. Sigue el acto penitencial.


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