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  Domingo XV del Tiempo Ordinario
Ciclo C
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  Evangelio
  ¿Quién es mi prójimo?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 25-37

En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley y preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
«Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?». Él le dijo:
«¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?». Él respondió:
«”Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza” y con todo tu mente.
Y “a tu prójimo como a ti mismo”». Él dijo:
«Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida». Pero el maestro de la ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús:
«¿Y quién es mi prójimo?». Respondió Jesús diciendo:
«Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose,
les vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: “Cuida de él, lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”.
¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?». Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Jesús le dijo:
«Anda y haz tú lo mismo».

  Comentarios
  APROXIMARSE, NO PASAR DE LARGO
(15º Domingo ordinario -C-. 14-Julio-2019)

La ley del amor en el Antiguo Testamento

La ley de Moisés, sobre todo en sus mandamientos principales, como el del amor a Dios y al prójimo, era sobradamente conocida por los contemporáneos de Jesús, incluso esos preceptos se recitaban cotidianamente y se comentaban en las sinagogas. El libro del Deuteronomio (la segunda Ley) espiritualizó la antigua religión de Israel dando más importancia a la relación de amor con Dios y con el prójimo (Primera lectura). El mismo Señor dijo que no había venido para abolir la Ley, sino para llevarla a su plenitud, universalizándola y haciéndola más espiritual y personal. Todavía nosotros tenemos como norma básica de comportamiento los diez mandamientos, y el Señor Jesús nos sigue diciendo con las palabras del Levítico 18, 5: “Haz esto y tendrás la vida”.

Cristo, plenitud de la revelación

Jesús fue proclamado por los cristianos desde el principio como aquél por quien nos llegó la revelación más perfecta, porque Él es la imagen de Dios, perfecto en la plenitud de la divinidad, como lo presenta el himno litúrgico con que comienza la lectura de la carta a los Colosenses. Pero la grandeza de Cristo no le hace perder sus raíces en la historia de la salvación. Por ello el Maestro se refiere siempre a los estadios anteriores de la revelación, como ocurre en su encuentro con un doctor de la ley, ocurrido en su viaje a la tierra especialmente legalista de Judea.

El Evangelio. El buen samaritano. Hacerse prójimo, aproximarse

Terminado el primer periodo de la vida pública de Jesús, en Galilea, comenzamos a seguirle en su viaje a Jerusalén, donde concluirá su misión en la tierra; y así llegamos al pasaje bíblico fundamental de este domingo, la famosísima parábola de la misericordia.

Jesús nos dice que el amor al prójimo puede quedar estéril e inoperante si no comenzamos por aproximarnos a los demás, como hizo él mismo, bajando del cielo. El sacerdote y el levita no se sintieron afectados por el herido. Así ocurre con la inmensidad del dolor humano. Podemos pensar que no pasa nada grave, que no nos afecta personalmente. Por ello Jesús nos dice que la existencia del prójimo depende de nosotros: ¿Quién se portó como prójimo? (Lc 10, 36) el que se aproximó al necesitado. La Iglesia es necesariamente la caja de resonancia de los dolores y angustias de la humanidad, y los discípulos de Cristo no debemos asombrarnos si incluso los no creyentes esperan de nosotros que demos ejemplo con el primer movimiento de aproximación.

Si no nos aproximamos al dolor de los demás, abriéndonos a él y estando dispuestos a modificar el plan de vida que teníamos; si no bajamos de nuestra marcha cómoda, tal como Jesús descendió del cielo para hacerse prójimo de todos, no tendremos a nadie a quien amar y servir. Pasaremos de largo.

Heridas en el cuerpo y en el espíritu

Para poder evangelizar hemos de acercarnos al hombre de nuestro tiempo y responder a sus necesidades. Muchos de nuestros hermanos padecen ahora las consecuencias de la crisis económica y están tirados al borde del camino por el que otros pasan sin problemas, y muchas personas tienen necesidad de respuesta en sus necesidades espirituales, no menos apremiantes. También el hombre del tercer milenio desea una vida auténtica y plena, tiene necesidad de verdad, de libertad profunda, de amor gratuito. También en los desiertos del mundo secularizado, el alma del hombre tiene sed de Dios, del Dios vivo.

La liturgia eucarística arranca del Evangelio

Después de la última ampliación del Misal Romano (1989), en este domingo, como ocurre frecuentemente en la liturgia hispano-mozárabe, la lectura evangélica se convierte en motivo de la plegaria eucarística, si se recita, como sugiere el Misal, el prefacio común VIII. Lo reproducimos a continuación para que pueda meditarse como el mejor comentario al tema bíblico fundamental de este día:

“En verdad es justo darte gracias, y deber nuestro alabarte, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, en todos los momentos y circunstancias de la vida, en la salud y en la enfermedad, en el sufrimiento y en el gozo, por tu siervo Jesús, nuestro Redentor.

Porque él, en su vida terrena, pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal. También hoy, como buen samaritano, se acerca a todo hombre que sufre en su cuerpo o en su espíritu, y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza.

Por este don de tu gracia, incluso cuando nos vemos sumergidos en la noche del dolor, vislumbramos la luz pascual de tu Hijo, muerto y resucitado”.

Jaime Sancho Andreu

LA PALABRA DE DIOS HOY

Primera lectura y Evangelio. Deuteronomio 30,10-14 y Lucas 10,25-37: Jesús no vino para anular completamente la Ley de Moisés; en su tiempo los mandamientos del Antiguo Testamento eran suficientemente conocidos, de modo que el Señor no debía sino recordarlos. Pero amplió y espiritualizó los antiguos preceptos, como el del amor al prójimo, especialmente en la parábola del buen samaritano.

Segunda lectura. Colosenses 1,15-20: Hoy empieza a leerse la carta a los Colosenses, una de las llamadas "de la cautividad", escrita por san Pablo en una de sus frecuentes detenciones, tal vez en Roma. Seguiremos la lectura de esta carta durante cuatro domingos. El tema fundamental de la carta, que es la primacía absoluta de Cristo en el universo y en la Iglesia, se anuncia con un himno litúrgico de la primitiva Iglesia.

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