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  Domingo XI del tiempo ordinario
Ciclo B
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  Evangelio
  Era la semilla más pequeña, pero se hace más alta que las demás hortalizas
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 4, 26-34

En aquel tiempo, Jesús decía al gentío:

«El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».

Dijo también: «¿Con qué compararemos el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden anidar a su sombra».

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

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  LA IGLESIA, SEMILLA DEL REINO DE DIOS
(11º Domingo ordinario -B-, 17 de junio de 2018)

Tres imágenes de la Iglesia de Cristo

En este domingo y en el siguiente se presenta el misterio de la Iglesia a través de dos parábolas, el crecimiento de la semilla y de un arbusto, y de un prodigio obrado por Jesús, la tempestad calmada. En estos pasajes del Evangelio la Iglesia aparece como algo débil en apariencia, por sus humildes orígenes y por la grandeza de sus opositores; pero se manifiesta asimismo la fuerza del Reino de Dios con la que Jesucristo anima a su comunidad de salvación.

El desarrollo del plan divino de salvación, el Reino de Dios, se parece - según enseña Jesús - al proceso agrícola de los cereales: siembra, desarrollo y siega. Él fue el sembrador que puso la buena semilla, y el plan de Dios se va extendiendo en el tiempo sin que los hombres puedan darse cuenta de todas las interioridades de esta maravilla, como el campesino que duerme y se levanta sin que pueda intervenir en el crecimiento de las plantas. Esta parábola relativiza en parte la tarea humana en la Iglesia y nos consuela con la confianza en el poder de Dios.

La segunda parábola se inspira en una semejante de Ezequiel (1ª Lectura). El Reino crece por medio de la Iglesia y puede acoger a nuevos pueblos, como un árbol recibe en sus ramas los nidos de pajarillos de toda clase. En el profeta se habla de un gran árbol que señorea a los demás; pero Jesús prefiere referirse a la mostaza, que es un arbusto de rápido crecimiento, pero más humilde en su presencia. Ahí estamos nosotros, acogidos en el nuevo pueblo de Dios.

Mientras duerme el labrador, la semilla crece

Nos viene a la mente la angustia de los discípulos cuando estaban en peligro en medio de la tormenta y Jesús dormía; también aquél hombre impaciente que pegaba tironcitos a las hojas de una planta recién brotada y la estropeaba. El mensaje de Jesús es sencillo: la obra de Dios nos supera y nosotros no pasamos de instrumentos para que ocurran sus maravillas. A veces, después de poner la semilla de la Palabra o el buen ejemplo, o de un consejo bienintencionado, lo único que podemos hacer es rezar y poner aquella persona en las manos de Dios.

Un árbol acogedor

Jesús no compara el crecimiento de la Iglesia con el de un frondoso y alto cedro del Líbano, sino con un modesto arbusto lo suficientemente grande como para que en él se puedan cobijar y anidar pajarillos de toda clase. Y es que la Iglesia no es un imperio o una multinacional; si así fuera, se habría disgregado y hundido como tantos otros. Precisamente la fuerza de la comunidad cristiana está en su debilidad, en su capacidad de adaptación y de acogida; porque no se mantiene por una estrategia humana, sino por obedecer al plan de Dios, que muchas veces nos puede parecer incomprensible.

Jaime Sancho Andreu



LA PALABRA DE DIOS EN ESTE DOMINGO

Primera lectura y Evangelio. Ezequiel 17, 22-24 y Marcos 4, 26-34: El profeta Ezequiel utiliza el ejemplo del crecimiento de un árbol para referirla a Israel, pueblo humilde y reducido al volver del exilio de Babilonia, que había de ser hogar de los pueblos poderosos en los tiempos del Mesías. Jesús emplea la misma comparación para hablar del Reino de Dios que el inaugura por medio de la Iglesia, pequeña en sus orígenes pero con vocación de universalidad.

Segunda lectura. 2 Corintios 5, 6-10: Sigue el apóstol Pablo mostrando su confianza en la recompensa final que Dios promete a los que le sirven. Esta vida es como un destierro que finalizará con el encuentro y la vida junto al Señor. Allí espera también el juicio sobre la conducta observada en la vida mortal.


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