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domingo 17 de noviembre de 2019
La diócesis de Valencia se suma a la III Jornada Mundial de los Pobres convocada por el Papa Francisco
Más de 166.000 personas atendidas

DIÓCESIS DE VALENCIA, 16 NOV.- La diócesis de Valencia se suma este domingo, 17 de noviembre, a la celebración de la III Jornada Mundial de los Pobres, una iniciativa del papa Francisco que se conmemora en todo el mundo y que organizan en España la Conferencia Episcopal Española y Cáritas.

Según recuerdan ambas entidades con motivo de esta Jornada, que se celebra con el lema, “La esperanza de los pobres nunca se frustrará”, el número de personas en exclusión social en España es de 8,5 millones, el 18,4% de la población, lo que supone 1,2 millones más que en 2007, afectando principalmente a las familias con menores, jóvenes y mujeres, conforme datos recientes de la Fundación FOESSA.

En la diócesis de Valencia la actividad caritativa y asistencial se extiende a más de 580 centros sociales, donde se atiende a 166.641 personas, según los últimos datos publicados en el “Día de la Iglesia Diocesana”. Así, existen numerosas iniciativas y proyectos dirigidos a personas con escasos recursos y dificultades económicas puestos en marcha por congregaciones religiosas, parroquias y otras entidades vinculadas a la Iglesia.


Cáritas acompaña “a los últimos de los últimos” en la diócesis

Según el balance de datos de la memoria, un total de 50.130 personas se beneficiaron de los servicios de Cáritas Diocesana de Valencia el año pasado.

Cáritas atiende en la diócesis de Valencia a las personas en situación de exclusión severa, “que no sólo son las personas con pobreza económica sino también las últimas de las últimas”, que quedan fuera de todos los espacios de integración. Dentro del colectivo de personas en situación de sin hogar se incluyen, por ejemplo, no sólo las personas que duermen en la calle sino también las que viven en albergues, viviendas ocupadas y precarias. A lo largo de 2018 Cáritas acompañó a 656 personas en esta situación.

Otra realidad de pobreza severa son las personas migrantes que no disponen de documentación, y a las que Cáritas acompaña desde su llegada a la diócesis, en sus viviendas de primera y segunda acogida, así como en otros aspectos como la atención jurídica, la alfabetización y clases de castellano y los procesos prelaborales y de integración laboral. En 2018, el 48 por ciento de las personas beneficiarias de la atención de Cáritas eran migrantes.

En cuanto a las mujeres en contexto de trata y prostitución, Cáritas se ha especializado, en los más de quince años de experiencia de su proyecto Jere-Jere, en la atención a mujeres, la mayoría de ellas nigerianas, que son explotadas en nuestro territorio. En el pasado ejercicio Cáritas Valencia ofreció apoyo y alternativas de cambio a 133 mujeres en este proyecto.

Del mismo modo, Cáritas identifica las situaciones de pobreza y exclusión y crea itinerarios de acompañamiento individualizados y personales. En el último año ha atendido a un centenar de personas en Mambré, un centro de atención integral, donde también se imparten talleres pre laborales, así como en 48 viviendas en las que se trabaja con las personas en situación de exclusión y vulnerabilidad.

Además, en toda la diócesis se trabaja con las familias y sus hijos e hijas menores de edad con proyectos específicos que desarrollan las Cáritas parroquiales en 48 proyectos, que el pasado año atendieron a cerca de 1000 menores y a más de 500 personas adultas.

Más de 400 personas sin hogar atendidas por la orden de San Juan de Dios

La Orden San Juan de Dios Servicios Sociales de Valencia se dedica desde el año 1992 a la atención de “personas en situación de sin hogar y en situación de exclusión social respetando su dignidad, cuidándolas y promoviendo mejoras en su calidad de vida”.

En la actualidad, dispone de un albergue con capacidad para 54 personas que ofrece alojamiento y atención de las necesidades básicas de alimentación, salud y también “calor humano”; un centro ocupacional donde recuperar hábitos relacionales y laborales; un programa terapéutico de deshabituación de problemática de alcoholismo y ludopatía y una red de 14 viviendas que se convierten en el hogar, que estas personas han perdido. La entidad atendió el 2018 a 411 personas.

Ciudad de la Esperanza acoge a 150 personas de más de 33 nacionalidades

Por su parte, la Ciudad de la Esperanza (CIDES) acoge a cerca de 150 personas sin hogar y en riesgo de exclusión social de más de 33 nacionalidades. En sus instalaciones de Aldaia (Valencia), les ofrece “una atención absoluta”, según ha afirmado Vicente Aparicio, director del CIDES, que incluye “desayuno, comida, cena, clases de español, talleres de orientación e inserción laboral, clases de informática, de alfabetización, cursos de mantenimiento y talleres de terapia ocupacional”. Asimismo, CIDES asesora en la búsqueda de empleo y en la reinserción social. Igualmente, ofrece a las personas sin hogar “actividades deportivas, o de ocio y tiempo libre”.

Con la Ciudad de la Esperanza “se puede colaborar directamente, mediante una aportación económica, o dedicando el tiempo como voluntario”. Otro modo de colaborar es de modo indirecto, adquiriendo los lotes de turrón y vino solidarios “que se ponen a la venta como todos los años estas navidades”, y sirven “para cubrir todos los gastos que tenemos en la atención completa a personas sin hogar”.

CIDES es una asociación benéfico-social sin ánimo de lucro de la Iglesia en Valencia, declarada de utilidad pública, que cuenta con la colaboración de Cáritas Diocesana de Valencia y el Arzobispado.


Villa Teresita, al lado de mujeres en exclusión

Villa Teresita es una institución de la Iglesia dedicada a la ayuda y promoción de personas en situación de exclusión social, preferentemente mujeres en exclusión, en situación de prostitución y/o víctimas de trata en Valencia.

La entidad realiza una labor de atención sociosanitaria en su centro social, donde durante el año 2018 atendió a más de 400 personas.

Desde este centro, las misioneras Auxiliares del Buen Pastor Villa Teresita, junto con trabajadores y cerca de 60 voluntarios, atienden “a quienes no tienen ningún recurso, o que no llegan a otras formaciones porque no tienen acceso”. En este centro se les brinda a las mujeres “atención social y psicológica”, así como diferentes cursos y programas de acompañamiento personalizado, destacando “un programa de formación específico para mujeres subsaharianas”, según han afirmado fuentes de Villa Teresita.

Igualmente, Villa Teresita acoge a 40 personas en sus viviendas para mujeres, que cuentan con tres modalidades: casas “de acogida de emergencia” ante una situación límite, “viviendas de recuperación, donde permanecen alrededor de un año hasta que se estabilizan sus situaciones” y “donde las mujeres viven junto a la comunidad religiosa para asistirlas y acompañarlas”; y las llamadas “viviendas de emancipación”, cuando “ya pueden vivir con autonomía pero tienen escasos recursos para afrontar los gastos del alquiler”.

Por último, Villa Teresita realiza una intervención directa en la calle “de acercamiento y atención integral a mujeres en ambientes de prostitución y exclusión”, que se realiza todas las semanas con ayuda de los voluntarios.

Se puede colaborar con Villa Teresita “aportando tu tiempo como voluntario, consiguiendo alimentos, participando en los distintos eventos solidarios que se organizan o bien con una ayuda económica directa”.


Maides atiende a personas con enfermedad mental grave

Por su parte, la Fundación Mare de Déu dels Innocents i Desamparats, MAIDES, atiende en la actualidad a 55 personas con enfermedad mental grave y en riesgo de exclusión social.

Dentro de los programas de atención que desarrolla la fundación se encuentra el PASC (Programa Atención Comunitaria), que en el último año ha atendido a un total de 15 personas en situación de aislamiento social.

Las personas atendidas en este programa “cuentan con un diagnóstico de trastorno mental, que llevan su seguimiento clínico por el sistema público de salud, pero que se encuentran en una situación de vulnerabilidad, por no tener familia o no contar con una red social”, según fuentes de la entidad.

El programa centra su labor en el acompañamiento, “a través del día a día, en tareas cotidianas, para que la persona no se sienta sola, ya que la soledad es otro tipo de pobreza”.

La Orden de Malta ayuda a 90 familias y ofrece desayunos solidarios a indigentes

Otra de las entidades que presta atención a personas con escasos recursos es la Soberana Orden de Malta, con más de 70 Caballeros y Damas y 40 voluntarios en Valencia, que ofrece alimentación y ropero actualmente a 90 familias así como desayunos solidarios a personas sin hogar. Además, asiste a personas mayores sin recursos y ofrece programas de acompañamiento.

Además, otros ejemplos son la Asociación Valenciana para la Defensa de la Vida-Provida que atiende en su centro social de Valencia a cerca de 90 madres sin recursos y a sus bebés y a madres embarazadas con la ayuda de socios fijos y una treintena de voluntarios. Desde la asociación recuerdan que “nuestras puertas están abiertas para todo aquel que desee colaborar”. Entre las necesidades que apuntan figura la alimentación de los bebés, leche y cereales, productos de higiene y artículos como carros, hamacas y cunas. También pueden llevarse juguetes y ropa a la sede de Provida en la calle Joaquín Costa, 24.

Igualmente, entre otras entidades figuran la Asociación Fray Conrado-Amigos de San Antonio, que organiza una exposición anual de belenes en Valencia, realizados con materiales de desecho, a iniciativa del capuchino Conrado Estruch, fallecido en 2015, y cuyos donativos se destinan a más de 200 familias valencianas sin recursos; y la Casa Cuna Santa Isabel regida por las Religiosas Siervas de la Pasión que cuenta con una residencia para madres gestantes o con niños menores de 2 años abierta a mujeres que carece de recursos económicos y de apoyo familiar o social.

Por su parte, el Servicio Jesuita a Migrantes y sus proyectos de apoyo social, como “Red+Familiar”, coordinado con el Centro Arrupe, atiende a familias refugiadas y migrantes sin recursos así como mujeres con hijos en situación de exclusión; y el Cottolengo del Padre Alegre, que gestionan las Hermanas Servidoras de Jesús, centra su labor en la atención de mujeres que padecen discapacidades psíquicas y físicas y cuentan con escasos recursos económicos.

Mensaje del papa Francisco

La Jornada Mundial de los Pobres se conmemora en todo el mundo con el objetivo, en esta edición, de “ser testigos de la esperanza cristiana en el contexto de una cultura consumista y de descarte, orientada a acrecentar el bienestar superficial y efímero” que haga posible “un cambio de mentalidad para redescubrir lo esencial y darle cuerpo y efectividad al anuncio del Reino de Dios”, tal como señalan la CEE y Cáritas en un comunicado.

La idea de impulsar la Jornada nació el 13 de noviembre de 2016, coincidiendo con el cierre del Año de la Misericordia y cuando en la Basílica de San Pedro el Santo Padre celebraba el Jubileo dedicado a las personas marginadas.

Como recuerda el Santo Padre en su mensaje, “los pobres no son números a los que se pueda recurrir para alardear con obras y proyectos. Los pobres son personas a las que hay que ir a encontrar: son jóvenes y ancianos solos a los que se puede invitar a entrar en casa para compartir una comida; hombres, mujeres y niños que esperan una palabra amistosa. Los pobres nos salvan porque nos permiten encontrar el rostro de Jesucristo”.

Francisco se refiere a todos aquellos que hoy en día encarnan los rostros de la pobreza, como son las “familias que se ven obligadas a abandonar su tierra para buscar formas de subsistencia en otros lugares; huérfanos que han perdido a sus padres o que han sido separados violentamente de ellos a causa de una brutal explotación; jóvenes en busca de una realización profesional a los que se les impide el acceso al trabajo a causa de políticas económicas miopes; víctimas de tantas formas de violencia, desde la prostitución hasta las drogas, y humilladas en lo más profundo de su ser”.

Junto a todos ellos, señala también “los millones de inmigrantes víctimas de tantos intereses ocultos, tan a menudo instrumentalizados con fines políticos, a los que se les niega la solidaridad y la igualdad”, así como «las numerosas personas marginadas y sin hogar que deambulan por las calles de nuestras ciudades”.

Todos estos “expulsados”, dice Francisco, “necesitan nuestras manos para reincorporarse, nuestros corazones para sentir de nuevo el calor del afecto, nuestra presencia para superar la soledad. Sencillamente, ellos necesitan amor”. “A todas las comunidades cristianas y a cuantos sienten la necesidad de llevar esperanza y consuelo a los pobres, pido que se comprometan para que esta Jornada Mundial pueda reforzar en muchos la voluntad de colaborar activamente para que nadie se sienta privado de cercanía y solidaridad”, concluye.

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